Existe un código de vestimenta católico.
No responder a las exigencias de vestimenta de la Sagrada Escritura, del Derecho Canónico y de los Papas de la Tradición, es ciertamente al menos un pecado venial y puede ser un pecado mortal en ciertos casos.
Pecado mortal.
El Catecismo Romano enseña que quien comete el pecado venial sin ningún esfuerzo por mejorar, Dios lo deja caer tarde o temprano en un pecado mortal.
Peor aún, si por un vestuario inapropiado se seduce a otra persona, esto se convierte entonces en un pecado mortal PARA LOS DOS. Porque Nuestro Señor Jesucristo dice:
“Y Yo os digo que cualquiera que mira a una mujer con concupiscencia, ya cometió adulterio en su corazón” (San Mateo 5,28).
Si entonces vuestro servidor, siendo cura, responsable de algunas “quasi-parroquias”, no dice nada con ocasión de abusos públicos, soy finalmente culpable de pecados veniales no combatidos o de uno u otro pecado mortal.
Por eso insisto por vuestro y mi interés:
No está permitido en ningún caso llevar un vestido indecente.
No puede ciertamente llamarse decente un vestido que no cubre las rodillas cuando la persona está sentada, o que deja aparecer, sea por aberturas, sea por transparencia, lo que el pudor no permite mostrar, es decir, las piernas por encima de las rodillas.
Lo mismo debe decirse de los vestidos —tanto masculinos como femeninos— que se ajustan a la forma del cuerpo.
En cuanto al escote y a los hombros descubiertos, he aquí lo que decía el cardenal vicario del papa Pío XI:
“Un vestido cuyo escote desciende más de dos dedos por debajo del cuello y que no cubre los brazos al menos hasta el codo, no puede decirse decente”.
Como constatamos hoy en muchos una tendencia indiscreta al aligeramiento del vestido, no es quizás inútil recordar algunos principios de ética al respecto:
La indecencia es un pecado, pecado de escándalo y causa de pecado para el prójimo, de cuya responsabilidad y pena una buena parte debe atribuirse a quien es la causa.
Además de estas reglas generales, la visita a una iglesia requiere un vestido correspondiente a la santidad del lugar.
En regla general, el vestido debe disimular las formas del cuerpo en lugar de buscar ponerlo en valor. Sólo entonces puede llamarse “decente”.
Quedan por tanto excluidos para la mujer el uso del pantalón, o de la culotte y similares.
Y finalmente otros dos principios:
“Toda mujer que ora (…) con la cabeza no velada deshonra su cabeza” (1 Corintios 11,5).
La mujer como el hombre deben tener los brazos cubiertos en la iglesia, incluso si hace calor.
Explicaciones:
Nuestra Señora en Fátima decía a sor Lucía: “Vendrán modas que ofenderán mucho a mi Divino Hijo”.
Las modas actuales nos muestran cuánto se realiza su profecía, pues empujan a los pecados, y a pecados graves, ay, ya por los pensamientos, los malos deseos que provocan.
Lo repito, contra estos deseos, Cristo nos advierte solemnemente en el Evangelio: “Y Yo os digo que cualquiera que mira a una mujer con concupiscencia, ya cometió adulterio en su corazón” (San Mateo 5,28).
Leemos en la vida de Santa Francisca Romana: una visión que tuvo del infierno en el año 1414 y que duró cuatro horas: Dios quiso mostrarle a ciertas damas que ella había conocido en la sociedad romana. ¿Por qué faltas estaban condenadas?
Por deseos culpables, aunque no seguidos de efecto;
por vestidos indecentes, que seguían la moda de aquel tiempo, causa de seducción y de pecado;
por danzas que el mundo declara inofensivas.
Esta visión del infierno marcó tanto a Santa Francisca que la mandó pintar en las paredes de su capilla como un recuerdo perpetuo de las justicias del Señor. Y luego Dios le dio por misión retirar de su lujo y de su vanidad a las damas romanas.
Nuestra sociedad es mucho peor que la de Roma en el Renacimiento. ¿Qué hacer para no ceder a la corrupción ambiental, en particular por el vestido?
Recordemos aquí algunos principios católicos que guiaron especialmente al Padre Emmanuel, de Mesnil-Saint-Loup (muerto en olor de santidad) para restaurar la sociedad cristiana en su parroquia.
El cristianismo no es estable y sólido más que en la medida en que penetra la integridad de la persona bautizada. Así el cristianismo debe penetrar ante todo el interior del hombre. Renovándolo a imagen de Jesucristo, llega a regular el exterior mismo: actos, palabras, actitud, según esta misma imagen. No basta, nos dice San Pablo, “creer de corazón”; si se quiere ser salvado, es necesario también “confesar de boca”, y esta confesión exterior de la fe debe extenderse a todos los gestos, a todas las acciones, a todos los hábitos y relaciones del cristiano. Se comprende por ello la importancia de la práctica de la modestia cristiana en las mujeres. Una mujer vanidosa miente a los compromisos de su bautismo; una mujer que busca atraer sobre sí las miradas de los hombres muestra con ello que no tiene ningún cuidado de agradar a Jesucristo.
Por la Sagrada Comunión, Nuestro Señor se apodera de todo nuestro ser, de suerte que el alma le permanece sometida por la humildad y que el cuerpo mismo sea sujetado por la reserva y la modestia. De donde se sigue que una persona que va a la Sagrada Comunión debe distinguirse, incluso exteriormente, de una persona que no comulga.
En una palabra, la modestia para una mujer es el indicio de la inhabitación de Jesucristo en su corazón; es el perfume de edificación que está llamada a esparcir.
La modestia en el vestido es por tanto un medio indispensable para hacer a las almas más atentas a las obligaciones contraídas en el bautismo. Es una consecuencia de este dogma de nuestra fe: el alma del bautizado es habitada por la Santísima Trinidad, su cuerpo es templo del Espíritu Santo.
San Pablo, inspirado infaliblemente, nos lo enseña:
“¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en vosotros, que habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis a vosotros mismos? (…) Glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo” (1 Corintios 6,19-20).
La moda actual, por el contrario, deshonra, corrompe a la mujer cristiana. Está hecha para seducir, para excitar la concupiscencia, en detrimento de la belleza espiritual que es el verdadero fin de nuestra vida. Es una empresa masónica. La destrucción de la sociedad cristiana, a la que trabajan las logias desde hace más de dos siglos, pasa entre otras cosas por la ruina de la modestia en los bautizados. Esta corrupción querida, programada, se realiza metódicamente.
En regla general, el vestido debe disimular las formas del cuerpo en lugar de buscar ponerlo en valor. Sólo entonces puede llamarse “decente”. Quedan por tanto excluidos para la mujer el uso del pantalón, o de la culotte… que por lo demás son vestidos masculinos.
Dios nos da por Moisés un principio vestimentario (Deuteronomio 22,5):
“La mujer no llevará atuendo de hombre, ni el hombre se pondrá vestidos de mujer; porque todo el que hace estas cosas es abominación ante el Eterno, vuestro Dios.”
El vestido femenino por el contrario es una falda o un vestido que debe cubrir las rodillas cuando la mujer está sentada, si no escandaliza a la persona que se encuentra sentada delante de ella.
La decencia del vestido no debe respetarse solamente el domingo a la hora de la misa; es indispensable para todos los días de la semana.
El principio de acción no es aquí decirse que el pantalón, la falda-pantalón, etc., son más cómodos, sino hacer la voluntad de Dios “amándolo en todas las cosas y por encima de todas las cosas” (Oración del 6º domingo después de Pentecostés). En particular para la asistencia a la misa, se debe velar aún más por la decencia de los vestidos.
La mujer debe tener la cabeza cubierta cuando ora, veamos los motivos:
Sagrada Escritura:
“Toda mujer que ora (…) con la cabeza no velada deshonra su cabeza” (1 Corintios 11,5).
Los papas: así lo han enseñado siempre los papas.
El Derecho Canónico: San Pío X hizo poner esta regla en el Derecho Canónico (can. 1262).
Es un signo de sumisión a Dios, de humildad que atrae las bendiciones de Dios. No es algo indiferente. Un signo exterior nunca es algo indiferente; como emana de la persona misma, dice también quién es esa persona.
La mujer como el hombre deben tener los brazos cubiertos en la iglesia, incluso si hace calor.
He aquí una mortificación que podemos ofrecer a Nuestro Señor que sufrió en su cuerpo para redimirnos. Sepamos también hacer penitencia para imitarlo.
Es necesario atenerse a estas reglas, de las que recordamos sólo lo esencial, sin respeto humano, y particularmente ahora.
“Porque, como decía Dom Bernard Maréchaux, el mal del día es éste:
La línea de demarcación tiende cada vez más a borrarse entre cristianos y no cristianos, entre cristianos y herejes e incluso idólatras. El cáncer del liberalismo ataca a todos y siempre corre el riesgo de alcanzarnos. Los que todavía se dicen católicos viven con demasiada frecuencia como los que han renunciado a este título. Las mujeres que se dicen practicantes llevan los mismos vestidos que las no practicantes, tienen las mismas lecturas, las mismas revistas, frecuentan los mismos espectáculos, a menudo inmorales. Ya no oran y ya no hacen penitencia. Es la confusión en la mundanidad y la licencia.”
“Como consecuencia de estas costumbres, la Iglesia tiende a disolverse en el mundo, la cristiandad declina en la humanidad. Se encuentran demasiado raramente católicos a los que se pueda aplicar las palabras de San Pablo: ‘Sed hijos de Dios, enteros, sin reproche en medio de una nación depravada y perversa, entre la cual brilláis como antorchas en este mundo’” (Filipenses 2,15).
“Los primeros cristianos, por su conducta, se distinguían de los paganos como antorchas sobre un fondo oscuro, y el espectáculo de su coraje y de su virtud atraía poderosamente a los idólatras a la fe. Esto es lo que no se ve hoy, salvo excepciones demasiado raras. Todo está confundido en el mismo abandono.”
El Papa San Pío XII no decía otra cosa cuando se dirigía a jóvenes católicas para combatir el mismo liberalismo ya durante la guerra (Alocución del 22/05/41 a las jóvenes de la Acción Católica de Roma miembros de la Cruzada de la Pureza):
“Número de mujeres creyentes e incluso piadosas, al aceptar seguir tal o cual moda audaz, hacen caer por su ejemplo las últimas dudas que retienen a una multitud de sus hermanas lejos de esta moda que podrá convertirse para ellas en causa de ruina espiritual. Mientras ciertas toilettes provocadoras permanezcan el triste privilegio de mujeres de reputación dudosa y como el signo que las hace reconocer, no se osará adoptarlas para sí. Pero el día en que estos vestidos aparezcan llevados por personas por encima de toda sospecha, ya no se dudará en seguir la corriente, una corriente que arrastrará quizás a las peores caídas”.
Es precisamente a una cruzada por la pureza que Pío XII llamaba a los católicos. Este buen ejemplo es un gran acto de caridad.
Qué apostolado visiblemente bendecido por Dios como se ve en el ministerio de los sacerdotes de Campos (Brasil) que escucharon la voz de su obispo, Mons. de Castro-Mayer.
Aunque haga mucho calor, como en las Antillas, se puede reconocer en la calle a los fieles de la Tradición a causa de la modestia de su vestido.
Recordemos a este propósito el papel tan importante de las madres cristianas en la educación de los niños, de sus hijas en particular, para inculcarles, desde muy pequeñas, el sentido y el amor de la modestia cristiana.
“El hombre se pierde por la mujer, se salva por la mujer”,
decía un día un predicador, “Ésta (Eva) pierde al hombre por el alarde de su vanidad, ella (María) lo salvará por la virtud de su modestia: el mundo moral oscila entre Eva y María. Mientras la modestia cristiana no sea practicada, la sociedad no se levantará”.
¡Que la devoción a la Sagrada Familia nos ayude en esta “cruzada” por la pureza!
¡Nuestra Señora de la Santa Esperanza, convertidnos!
Sitios web de venta de vestidos decentes:
Tiendas en línea y marcas de vestidos
En la mayoría de las tiendas hay que buscar un poco lo que es conveniente, es decir, la rodilla cubierta incluso en posición sentada; todo lo que proponen no es bueno:
Etsy.com. Marca de vestidos lituana. Simplicidad, clásico. Ver también https://nl.pinterest.com/christipedia/bare-kleding/son-de-flor/
Hériter – Empresa de vestidos americana.
Vestidos Ada Faye – creadora y tienda americana.
Lys of the Field – Empresa de vestidos perteneciente a la familia Miller, que diseña y fabrica sus propios vestidos modestos.
Ringger Clothing – empresa de vestidos americana.
Shabby Apple – marca de vestidos americana.
DMFashion (DM = Divine Modestee), tienda de moda.
BestTailor, tienda en línea en Etsy.com.
AllTheBeautifulLinen, pequeña tienda en línea en Etsy.com. Clásico.
LittleWomenAtelier, pequeña tienda en línea en Etsy.com y en LittleWomenAtelier.com. Clásico, victoriano, lino.
Linennaive, tienda en línea en Etsy.com. Muchas faldas.
Camellia Tune – Tienda en línea en Etsy.com. Fluido, confortable, mucho lino. Creador chino.
FantasyLinen – Chino.
Graines de pomme – Appleseeds.blair.com. Clásico y “fresco”.
Collections Cotswold – CotswoldCollections.com. Clásico, rural.
Maison de Bruar – HouseOfBruar.com. Escocés, rural.
Bénissez la mode – BlessFasion.com.pe. Cristiano, sudamericano.
Tugba – Tugbavenn.com. Turco.
Ruso:
Baryshnya – Baryshnya.com. Chic-clásico.
Miryanka – Miryanka.ru.
Xenyushka – Ksenyushka.ru. Marca rusa de vestidos para mujeres.
Grace à Vous – Graceavous.com. Rusa.
Sanabis – https://www.livemaster.ru/sanabis
Iraní:
Marca de vestidos iraní. Sin tienda en línea (en 2015). Diseños sorprendentes. Ver https://www.facebook.com/Anargol/
Indio:
InduBindu – https://www.indubindu.com. India.
Rustorange – www.rustorange.com. India.
