25 Papa Herético Siguiendo a San Roberto Belarmino, Vaticano I y Prof. da Silveira

La Hipótesis Teológica de un Papa Herético

Siguiendo a San Roberto Belarmino, como el Vaticano I (1870)

Fuente: «La Nueva Misa de Pablo VI: ¿qué pensar?»

La obra magistral del Prof. Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira, teólogo de Campos, Brasil.

 

Tabla de contenidos  

  1. Prefacio  

   1.1. El Concilio Vaticano I (1870) afirma seguir a San Belarmino  

   1.2. Fuente: El Profesor Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira consulta a 136 autores

según el esquema de San Belarmino  

   1.3. El estudio indispensable sobre el papa herético  

   1.4. Estudio solicitado por Mons. Castro de Mayer  

   1.5. Quién es el autor  

  1. Texto íntegro: Introducción  
  2. Capítulo I. Las cinco opiniones concernientes a la hipótesis de un Papa herético

expuestas por san Roberto Belarmino  

Tabla sinóptica de las opiniones  

Corolario: Memoria sobre San Roberto Belarmino  

Notas y referencias siguen

 

 

  1. Prefacio

 

1.1. El Concilio Vaticano I (1870) afirma seguir a San Belarmino

En la sesión de julio del primer Concilio del Vaticano, el relator general, Mons. Vinzenz Gasser (1809-1879), rechazó la acusación formulada contra la Diputación por algunos Padres conciliares, según la cual seguían la opinión de Alberto Pighius, según la cual el Papa nunca podría caer en la herejía, incluso como persona privada. Explicó que la doctrina del Concilio del Vaticano no era ni la de Alberto Pighius, ni la opinión extrema de ninguna escuela, sino la de San Roberto Belarmino, que admite esta posibilidad en sus Controversias. (Mansi, vol. 52, col. 1218)

 

– Contexto histórico de la cita

La declaración reportada proviene de la intervención oficial (llamada relatio) pronunciada el 11 de julio de 1870 por Mons. Vincent Gasser (obispo de Brixen, relator general de la Diputación de la Fe), durante la 45ª congregación general del Concilio, en vistas a la definición del dogma de la infalibilidad pontificia (constitución Pastor aeternus, capítulo 4).

 

Esta relatio defiende el esquema doctrinal contra las acusaciones planteadas por algunos Padres conciliares (como Mons. Riccio di Mondragone), que reprochaban a la Diputación seguir la opinión “extrema” de Alberto Pighius (o Pigge, teólogo holandés del siglo XVI, muerto en 1542), según la cual el Papa nunca podría caer en la herejía, incluso como persona privada.

 

Mons. Gasser rechaza esta acusación explicando que la doctrina del esquema no es ni la de Pighius solo (juzgada “extrema” por algunos), ni una opinión aislada, sino la de san Roberto Belarmino (teólogo del siglo XVI, muerto en 1621), que admite esta posibilidad (es decir, la caída potencial del Papa en la herejía como persona privada, sin que ello afecte su oficio infalible).

 

– El texto original de la relatio de Mons. Gasser

He aquí el extracto pertinente de la relatio:

 

Latín original (tomado de Collectio Lacensis, vol. 7, coll. 530-531): “Quod ad doctrinam, quae in Schemate proponitur, attinet, iniuste Deputatio accusatur, quasi velimus extremam cuiusdam scholae theologorum opinionem, videlicet Alberti Pighii, ad dogmaticam dignitatem evolvere. Nam Alberti Pighii sententia, quam Bellarminus quidem piæ et probabiles nominat, fuit, Pontificem ut personam privatam aut doctorem privatum ex quadam ignorantia errare posse, sed nunquam in haeresim incidere aut haeresim docere posse. […] De sententia autem Bellarmini haec dicuntur. […] At doctrina, quae in Schemate proponitur, nec Alberti Pighii est, nec alicuius scholae extremæ, sed Bellarmini, qui hanc possibilitatem in suis Controversiis admittit.”

 

Traducción literal: “En cuanto a la doctrina que se propone en el Esquema, la Diputación es injustamente acusada, como si quisiéramos elevar a la dignidad dogmática la opinión extrema de cierta escuela de teólogos, a saber, la de Alberto Pighius. Pues la opinión de Alberto Pighius, que Belarmino llama ciertamente piadosa y probable, fue que el Pontífice, como persona privada o doctor privado, podía errar por cierta ignorancia, pero nunca podía caer en la herejía ni enseñar la herejía. […] En cuanto a la opinión de Belarmino, se dice esto. […] Pero la doctrina que se propone en el Esquema no es ni la de Alberto Pighius, ni la opinión extrema de ninguna escuela, sino la de Belarmino, que admite esta posibilidad en sus Controversias.”

 

Puesto que en este Concilio ecuménico infalible del Vaticano I en 1870 se afirmó que había que seguir a San Belarmino en la cuestión de un papa herético, también nosotros seguiremos a San Belarmino más bien que a otros autores tales como Cayetano.

 

1.2. Fuente de este estudio es el trabajo del Profesor Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira.

El Profesor nos señala, varias veces en su estudio, haber consultado a 136 autores, que son prácticamente todos los autores que alguna vez escribieron sobre este tema en la historia de la Iglesia.

Examinó su posición sobre la hipótesis de un Papa herético y los clasificó según el esquema de las “5 opiniones” de San Belarmino. La quinta opinión, que San Belarmino hace suya, es en efecto también la de la mayor parte de los autores y autoridades, si no prácticamente de todos.

 

1.3. Estudio indispensable sobre el papa herético:

 

Es una obra jamás realizada antes y jamás igualada hasta ahora, por lo tanto indispensable. Pienso que no puedo hacer mejor que recibirla y reproducirla a causa de sus argumentos abundantes y válidos. Será difícil hacer mejor que él, pero como él lo sugiere, se debería extender el estudio y desarrollarlo en el futuro, porque “la hipótesis de un papa herético” se ha convertido en la realidad dramática y la causa más importante de todos los problemas en la Iglesia actual… y en el mundo, porque Jesús nos advierte: “Mateo 5:13 Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se salará? Ya no sirve más que para ser arrojada fuera y pisoteada por los hombres.” La sal es la Iglesia, la tierra debe ser “salada” por ella. En efecto, la sal da sabor a los alimentos y los conserva contra la corrupción: la Iglesia debe dar al mundo (a las personas de buena voluntad, por supuesto) el sabor de las cosas divinas, el amor de Dios y de la vida eterna, y debe darle los medios para conservar ese sabor, el estado de gracia, hasta el fin. Si la Iglesia está en crisis, si está privada durante 60 años de su cabeza visible y si el número de sus miembros se reduce al 0,08% (*), ¿cómo se salvarán los hombres, puesto que no hay salvación fuera de Ella? Es un dogma (Concilio de Florencia, Bula “Cantate Domino” del 4 de febrero de 1442).

 

(*) NB En efecto, si se considera que aproximadamente 2500 obispos así como Pablo VI aceptaron el Vaticano II, mientras que solo dos obispos, Mons. Lefebvre y Mons. de Castro Mayer, justo después de ese conciliábulo resistieron públicamente hasta el final, esto representa aproximadamente el 0,08% del episcopado de la época.

 

1.4. Estudio solicitado por Mons. Castro de Mayer, Obispo de Campos en Brasil:

 

Por eso Mons. Castro de Mayer –que, con Mons. Lefebvre, fueron los únicos obispos que se opusieron abiertamente a las herejías del Vaticano II, no solo durante (con los 250 obispos del “Coetus Patrum Concilii”) sino sobre todo después del cierre de ese concilio erróneo– pidió a su teólogo el Profesor da Silveira que realizara este estudio profundo para comprender lo que pasó exactamente con los últimos “papas”.

Deo gratias.

 

1.5. Quién es el autor:

 

In memoriam: Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira (1929-2018)

Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira pertenecía, tanto por el lado paterno como materno, a familias brasileñas renombradas por su importancia en la política, el derecho y el espíritu emprendedor. Nacido en 1929 en São Paulo, Brasil, hizo sus estudios con los padres jesuitas, primero en el Colegio San Luis, luego en el Seminario central de la Inmaculada Concepción. Posteriormente, ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de São Paulo, donde obtuvo, en 1956, un diploma en ciencias jurídicas y sociales. Ejercitó la profesión de abogado hasta sus últimos días, al mismo tiempo que dirigía el departamento jurídico de la prestigiosa empresa de construcción Adolpho Lindenberg. Fue también profesor de propedéutica de la historia, luego de moral y sociología en la Facultad de filosofía, ciencias y letras San Benito, así como en la Facultad de ciencias económicas Corazón de Jesús, ambas afiliadas a la Universidad Católica Pontificia de São Paulo.

Fue uno de los fundadores de la revista mensual de cultura Catolicismo, publicada bajo los auspicios de Mons. Antonio de Castro Mayer, obispo de Campos, y autor de estudios importantes sobre el Magisterio de la Iglesia, el magisterio conciliar y la infalibilidad pontificia. Entre sus numerosos escritos, principalmente orientados a la defensa de la fe católica y de la ortodoxia, sin ninguna ambición de carrera o de prestigio académico, mencionamos que algunos fueron traducidos al inglés y publicados bajo el título Can Documents of the Magisterium of the Church Contain Errors? (The American Society for the Defense of Tradition, Family and Property – TFP, Spring Grove, Pensilvania, 2015).

En 1970, Arnaldo Xavier da Silveira publicó, en edición limitada, Consideraciones sobre el “Ordo Missae” de Paulo VI, incluyendo el estudio que utilizamos sobre la Hipótesis teológica de un Papa herético. Esta obra fue luego publicada en francés bajo el título La Nouvelle Messe de Paul VI: Qu’en penser? (Diffusion de la Pensée Française, Chiré-en-Montreuil, 1975), pero su difusión fue prohibida por Pablo VI. “Bienaventurados los perseguidos” (San Mateo cap. 5, sermón de la montaña).

La segunda parte de este estudio, consagrada a la “hipótesis de un Papa herético”, fue traducida en 2016 por Inter Multiplices Una Vox, fue publicada en italiano bajo el título Ipotesi Teologica di un Papa eretico (Edizioni Solfanelli, Chieti, 2016), y en 2018 en inglés, con un nuevo capítulo y una puesta al día, bajo el título Can a Pope be … a heretic? (Caminhos Romanos, Portugal, 2018).

En 2017, Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira fue uno de los primeros en firmar la Correctio filialis dirigida a Francisco, ocupante actual de la sede apostólica, denunciando los errores propagados bajo su autoridad. Durante el congreso sobre el modernismo organizado en junio de 2018 por la Fundación “Lepanto”, su nombre fue mencionado a menudo como uno de los investigadores contemporáneos más serios de la crisis de la Iglesia.

Confortado por los sacramentos de la Iglesia, Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira murió el 19 de septiembre de 2018 en São Paulo, a consecuencia de complicaciones cardíacas. Dejó una viuda, cuatro hijos y nietos.

Los escritos de Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira, notablemente sobre la hipótesis de un “Papa herético”, sostienen, examinando rigurosamente y según la teología católica tradicional, la posibilidad de que un ocupante de la sede apostólica pueda desviarse de la fe. Los contraargumentos, tales como los que afirman la infalibilidad absoluta de un papa en todas las circunstancias, son rechazados, porque, según la doctrina católica anterior a 1963, la infalibilidad está estrictamente limitada a las condiciones definidas por el Concilio Vaticano I (Pastor Aeternus, 1870), y un papa puede, en teoría, caer en la herejía como persona privada, como lo enseñaron teólogos tales como san Roberto Belarmino (De Romano Pontifice, libro II, capítulo 30).

Que su alma repose en paz.

Eric Jacqmin, Sacerdote.

 

  1. Texto íntegro del estudio, segunda parte:

 

«La Nueva Misa de Pablo VI: ¿qué pensar?»

del Profesor Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira

SEGUNDA PARTE: LA HIPÓTESIS TEOLÓGICA DE UN PAPA HERÉTICO

Introducción

 

En el curso de diversos períodos turbulentos de la historia de la Iglesia, la cuestión teológica de la posible caída de un Papa en la herejía ha suscitado un vivo interés (1). Durante esos períodos, los teólogos, así como los moralistas y los canonistas, se dedicaron al examen de este problema delicado sin llegar, sin embargo, a un consenso uniforme y definitivo.

Cuando esos momentos difíciles habían pasado, los debates sobre la posibilidad de un Papa herético cesaban de atraer la atención de los eruditos. En general, los autores no consagraban entonces a esta cuestión más que algunas líneas, como si se tratara de un problema académico y curioso, que ya nunca más sería de un interés apremiante.

La posesión incontestada de la Sede de Roma por una larga serie de Pontífices en el curso de los últimos siglos relegó al olvido la cuestión de un Papa herético. Sobre todo desde el siglo XVII hasta nuestros días, son raros los teólogos que se han dedicado al examen de esta cuestión (2).

A partir del pontificado de Juan XXIII, un observador atento podía no obstante notar que esta cuestión delicada volvía poco a poco a interesar a los círculos especializados (3).

A pesar de la relativa frecuencia con la que la cuestión de un Papa herético es abordada en nuestros días, no se ha publicado, a nuestro conocimiento, en el curso de los últimos años, un estudio amplio, sistemático y actualizado sobre la cuestión.

A causa de esta laguna, los debates sobre este tema están gravemente entorpecidos. De ello resulta, por ejemplo, que –como observamos con una preocupación creciente– nuestros contemporáneos estudian generalmente la hipótesis de un Papa herético con nociones parciales o incluso falsas del estado de la cuestión.

Por esta razón, varios han caído en errores y simplificaciones evidentes, que hacen más difícil una gestión lúcida y coherente de los graves problemas teóricos y prácticos implicados en esta cuestión.

Algunos, no conociendo más que la posición de cierto autor y de aquellos que lo siguen, analizan los acontecimientos contemporáneos únicamente a la luz de la doctrina de ese autor –y así, no tienen en cuenta el hecho de que otros teólogos de gran autoridad sostienen tesis diferentes.

Existe por lo tanto, en esta materia, diversas opiniones que gozan al menos de una probabilidad extrínseca (4). Siendo esto así, ¿qué derecho se tiene, en nuestros días, de adherirse a una de estas opiniones, tratando de imponerla sin más consideración? No cabe duda de que la probabilidad extrínseca cede ante la evidencia intrínseca; pero ¿dónde están las publicaciones bien fundadas y exhaustivas que permiten una reevaluación, en términos nuevos, de los datos fundamentales de esta cuestión capital? (5).

 

Juzgamos por lo tanto más urgente que cualquier otra cosa presentar una visión global de las diversas opiniones de los grandes teólogos del pasado sobre el problema de un Papa herético.

Y esto no es más que un primer paso, pero indispensable, para salir del estancamiento en el que se encuentran los estudios concernientes a esta cuestión desde el siglo XVII, según la observación de Dublanchy que hemos citado más arriba (6).

Dado lo que precede, nuestro objetivo de la obra presente es doble.

Por una parte, consiste en indicar en detalle cuáles son las opiniones sobre esta cuestión, atrayendo la atención de los eruditos sobre las razones invocadas por los diversos autores.

Por otra parte, consiste en comunicar al lector ciertas conclusiones a las que el análisis de las fuentes y la reflexión nos han conducido, con la intención de contribuir modestamente a que los teólogos puedan llegar a una opinión común sobre esta cuestión (7).

 

Limitamos nuestras consideraciones a los dominios de la teología dogmática, de la moral y del derecho canónico, dejando de lado los problemas históricos. Sin duda, una reevaluación a la luz de los datos conocidos hoy sobre la cuestión de un Papa herético –de los pontificados de Liberio, de Honorio I, de Pascual II, de Alejandro VI, etc.– sería muy oportuna (8).

En la presente exposición, sin embargo, no hay lugar para una investigación tan profunda (9).

Para aclarar la cuestión de un Papa herético, es necesario considerar también ciertos problemas conexos, que abordamos en los últimos capítulos de esta Parte II: la hipótesis de un Papa cismático y de un Papa dudoso (capítulo VIII), la posibilidad de errores y herejías (10) en los documentos pontificios y conciliares (capítulos IX y X), y el derecho de resistencia pública a las eventuales decisiones inicuas de la autoridad eclesiástica (capítulo XI).

 

  1. Capítulo I. Las cinco opiniones concernientes a la hipótesis de un Papa herético expuestas por san Roberto Belarmino

En el análisis de las diversas opiniones de los teólogos sobre la hipótesis de un Papa herético, adoptaremos la clasificación presentada por san Roberto Belarmino. Esta sigue siendo enteramente válida hoy, en la medida en que los estudios sobre la cuestión prácticamente no han progresado en el curso de los últimos siglos. Por esta razón, muchos autores recientes ordenan la materia siguiendo las huellas del gran doctor de la Contrarreforma (11). Cuando, sin embargo, nos parece que la división de san Roberto Belarmino no distingue con precisión todos los matices que caracterizan a ciertas escuelas, sugeriremos subdivisiones en su clasificación.

Enumera cinco opiniones dignas de estudio (12):

  1. El Papa no puede ser herético;
  2. Cayendo en la herejía, incluso únicamente interna, el Papa pierde ipso facto el pontificado;
  3. Aun si cae en la herejía, el Papa no pierde su cargo;
  4. El Papa herético no es depuesto ipso facto, sino que debe ser declarado depuesto por la Iglesia;
  5. El Papa herético es depuesto ipso facto en el momento en que su herejía se vuelve manifiesta.

 

Al establecer esta clasificación, san Roberto Belarmino no buscó más que ordenar la materia de manera práctica para la exposición de las razones y objeciones que pueden alegarse en relación con cada opinión. No tenía como objetivo presentar una exposición completa y sistemática de las principales posiciones tomadas, en el curso de los siglos, sobre la hipótesis teológica de un Papa herético. No hace referencia, por ejemplo, a la doctrina del conciliarismo, que tuvo una importancia enorme en el pasado, y que, aunque condenada por la Iglesia (13), resurge en numerosos escritos progresistas. El gran santo jesuita no definió claramente los criterios lógicos según los cuales ordenó la materia. Todo esto crea cierta dificultad para la comprensión de su clasificación, al mismo tiempo que puede dar lugar a malentendidos.

 

Para evitar estos inconvenientes, sin abandonar sin embargo la clasificación de san Roberto Belarmino, presentamos aquí una tabla sinóptica de las diferentes opiniones sobre la hipótesis teológica de un Papa herético. Al organizar la materia según criterios lógicos, buscamos dar una visión global de la cuestión e insertamos las cinco proposiciones, que analizaremos más tarde, en el conjunto sistemático en el que deben ser consideradas.

 

Tabla sinóptica de las opiniones sobre la hipótesis teológica de un Papa herético por el Prof. da Silveira

Opiniones diversas Posición de cada opinión Observaciones Principales defensores Índice principal (páginas estudiadas)
A – El Papa no puede caer en la herejía Primera opinión en la clasificación de San Roberto Belarmino En la exposición de esta opinión subdividimos a sus partidarios en tres grupos (pp. 147-148): 1. Autores para quienes esta opinión constituye una verdad de fe (Matthaeucci). 2. Autores para quienes esta opinión es con mucho la más probable (Card. Billot). 3. Autores para quienes esta opinión parece solamente más probable que las otras (San Roberto Belarmino, Suárez). San Roberto Belarmino (), Suárez (), Cardenal Billot (), Matthaeucci, Bouix (). Capítulo sobre esta opinión (146-155); Card. Billot (146-147); Suárez (147, 154-155); San Roberto Belarmino (155); Salaverri (155); refutación basada en la Escritura y la Tradición (148-153); no seguimos esta opinión (172 y ss.).
B – Teológicamente no se puede excluir la hipótesis de un Papa herético Enunciada por San Roberto Belarmino al decir que la primera opinión no es cierta. Ver los puntos siguientes. Explicación por referencias (p. 156).
I – En razón de su herejía, el Papa nunca pierde el Pontificado Tercera opinión en la clasificación de San Roberto Belarmino. Entre los 136 autores cuya posición examinamos sobre la hipótesis de un Papa herético, el único defensor de esta opinión es Bouix. Bouix. Capítulo sobre esta opinión (158-160); no seguimos esta opinión (172 y ss.).
II – El Papa herético pierde el Pontificado Enunciada por San Roberto Belarmino con la cuarta opinión. Ver los puntos siguientes. San Roberto Belarmino (169 y ss.); objeciones de Bouix (158 y ss.); seguimos esta opinión (172).
1) Pierde el Pontificado desde el instante en que cae en la herejía interna, es decir, antes de manifestarla exteriormente. Segunda opinión en la clasificación de San Roberto Belarmino. Opinión abandonada por los teólogos hoy. Torquemada. Capítulo sobre esta opinión (156-157); opinión abandonada (157).
2) Pierde el Pontificado cuando su herejía se vuelve manifiesta. Quinta opinión en la clasificación de San Roberto Belarmino. En la exposición de esta opinión subdividimos a sus partidarios en tres grupos (pp. 170-171): 1. Autores que entienden por «manifiesta» una herejía simplemente exteriorizada. 2. Autores que entienden por «manifiesta» una herejía que, además de estar exteriorizada, es conocida por otros. 3. Autores que entienden por «manifiesta» una herejía que se ha vuelto notoria y públicamente divulgada (Wernz-Vidal). Algunos autores no precisan claramente a qué escuela se adhieren (San Roberto Belarmino, p. 171). San Roberto Belarmino, Billot, Cano. Capítulo sobre esta opinión (168-171); San Roberto Belarmino (168-169); Pietro Ballerini (169-170); subdivisión (170-171); evaluación (171); seguimos esta opinión, adoptando la subdivisión n° 3 (172-176).
3) Pierde el Pontificado únicamente después de la declaración de su herejía por un concilio, los cardenales, grupos de obispos, etc. Enunciada por San Roberto Belarmino con la cuarta opinión. Ver los puntos siguientes. Exposición y refutación por San Roberto Belarmino (164-167); no seguimos esta opinión (175).
a) Esta declaración sería una deposición propiamente dicha. San Roberto Belarmino no la lista, porque es herética. Bajo la forma de neo-conciliarismo, esta opinión reaparece en numerosos escritos progresistas. Conciliaristas: Gerson, Pedro de Ailly, etc. Opinión condenada por la Iglesia (161, nota 1); neo-conciliarismo (161, nota 3).
b) Esta declaración no sería una deposición propiamente dicha, sino un simple acto que declara la pérdida del Pontificado por el Papa herético. Cuarta opinión en la clasificación de San Roberto Belarmino. En cuanto a quién debería hacer esta declaración, ver el pasaje de Suárez citado en las pp. 163-164. Cayetano, Suárez. Capítulo sobre esta opinión (161-167); Suárez (161-164); refutación por San Roberto Belarmino (164-167); no seguimos esta opinión (175).

 

Corolario: Memoria sobre San Roberto Belarmino (1542-1621)

 

Cardenal, jesuita y Doctor de la Iglesia, san Roberto Belarmino es una figura mayor de la teología católica y de la Contrarreforma. Nacido en Montepulciano, Italia, el 4 de octubre de 1542, entró en la Compañía de Jesús en 1560. Se distinguió por su erudición, su piedad y su celo por la defensa de la fe católica contra los errores del protestantismo. Ordenado sacerdote en 1570, enseñó teología en el Colegio Romano, donde formó generaciones de sacerdotes y teólogos. Elevado al cardenalato en 1599 por el papa Clemente VIII, fue también arzobispo de Capua. Murió en 1621 y fue canonizado en 1930 por Pío XI, quien lo declaró Doctor de la Iglesia en 1931 por sus contribuciones teológicas excepcionales.

En los documentos siguientes, consideraremos las cinco opiniones de san Roberto Belarmino concernientes “al caso de un papa herético” y retendremos la única verdadera.

Deo gratias.

 

En los estudios siguientes, estudiaremos las 5 opiniones una tras otra.

AMDG.

 

Notas:

  1. Tal fue el caso, por ejemplo, en el siglo VIII, en razón de las actitudes ambiguas del Papa Honorio I frente al monotelismo; en el siglo XII, cuando Pascual II flaqueó sobre la cuestión de las investiduras; en los siglos XV y XVI, en razón de los escándalos de Alejandro VI.
  2. Con razón, Dublanchy, en el Diccionario de Teología Católica, después de haber analizado las opiniones de los teólogos clásicos sobre la posibilidad de un Papa herético, escribe: “Detenemos nuestros estudios al final del siglo XVII, porque a partir de esa época, la controversia teológica no es muy interesante, en la medida en que las posiciones han permanecido las mismas y, en la mayoría de los casos, la cuestión no merece, de parte de los teólogos, más que una breve mención” (artículo “Infalibilidad del Papa”, en Dict. de Théol. Cath., col. 1716).
  3. Diversos factores dieron lugar a este problema en nuestros días: en primer lugar, la convocatoria del Concilio Vaticano II, un hecho que volvió muy actuales todas las cuestiones teológicas concernientes a las relaciones entre el Papa y el Concilio; en segundo lugar, los síntomas profundos de crisis en la Iglesia, que ya constituían en esa época un motivo de preocupación para numerosos espíritus; en tercer lugar, los esfuerzos de algunos progresistas por proclamar la posibilidad de un Papa herético, con el objetivo de debilitar la autoridad pontificia.
  4. “Una proposición o una opinión se dice probable cuando se apoya en razones o motivos de tal peso que una persona prudente puede dar su asentimiento, no de manera firme (como en el caso de la certeza), sino con temor al error” (Noldin-Schmitt-Heinzel, Summa Theol. Mor., vol. I, p. 215, n. 225).  La probabilidad intrínseca o interna “está fundada en razones sacadas de la naturaleza misma de la cosa”; la probabilidad extrínseca o externa “reposa directamente en la autoridad de los sabios” (idem, ibidem, p. 215, n. 226).   “La probabilidad externa supone en sí misma la probabilidad interna, es decir, supone que los sabios han sido conducidos por razones internas a abrazar la verdad” (idem, ibidem, p. 215, n. 226).   Dado que la probabilidad externa reposa esencialmente en la probabilidad interna, no es lícito apelar a la probabilidad externa cuando se sabe que la opinión es falsa y no tiene ninguna probabilidad interna de ser correcta, incluso si autores de gran nombre la defienden. La probabilidad externa sin probabilidad interna solo puede invocarse cuando se trata de una materia oscura, rodeada de dificultades, y aún insuficientemente aclarada por los autores (idem, ibidem, p. 225, n. 238).
  1. Conviene tener en mente los graves riesgos que habría en adoptar de manera absoluta una de las opiniones admitidas entre los teólogos, excluyendo las otras, sin tener razones objetivamente decisivas para ello, como nuestros antepasados no lograron establecer. Supongamos que, frente a un Papa hipotéticamente herético, alguien lo juzgue depuesto ipso facto, como enseña san Roberto Belarmino, y saque las consecuencias prácticas que de ello se derivan. Esta persona correría en efecto el riesgo de caer en el cisma, lo que sería el resultado si la opinión de Cayetano o Suárez, por ejemplo, fuera verdadera, la cual exige una declaración de herejía para que tal Papa sea efectivamente privado de su cargo.  En el sentido inverso, supongamos que alguien tome por cierta, sin más consideración, la opinión de Suárez. Esta persona debería, en toda lógica, aceptar como dogma una eventual definición solemne que un Papa herético haría antes de que se pronuncie la sentencia que declara su pecado de herejía. Ahora bien, tal aceptación sería temeraria, porque, según lo que sostienen doctores de peso, tal Papa podría ya haber cesado de ser un verdadero Papa, y por lo tanto podría definir, como dogma, algo falso.
  1. Como es evidente, para que una opinión sea calificada de “común”, no es necesario que tenga la aprobación de teólogos de una orientación notoriamente dudosa.
  2. Al refutar las objeciones que pueden hacerse contra la doctrina de la infalibilidad, san Roberto Belarmino estudia los casos de cuarenta Papas. Este número representa aproximadamente el 17% de los Pontífices que habían reinado hasta esa época (De Rom. Pont., lib. IV, cap. 8-14, pp. 486-506).
  3. En materia dogmática, es evidente que prestaremos mayor atención a lo que dice la Tradición que a los argumentos de la razón. Dado lo que precede, cuando hagamos alusión a hechos históricos, no será con la intención de analizarlos como tales, sino únicamente para buscar recoger la ayuda que la Historia de la Iglesia puede proporcionar para aclarar la Tradición en esta materia.
  4. En los capítulos I a VII, consagrados al análisis de las diversas opiniones de los teólogos sobre la cuestión de un Papa herético, consideraremos únicamente la posibilidad de la herejía en el Papa como persona privada. Porque es la única hipótesis que los autores tratan explícitamente y ex professo. En el capítulo X, sin embargo, mostraremos que la teología sagrada no excluye la posibilidad de una herejía en el Papa como persona pública, es decir en los documentos pontificios oficiales. Como es evidente, tal posibilidad está limitada a los documentos que no implican la infalibilidad.
  5. Ver, por ejemplo: Wernz-Vidal, Ius Can., tom. II, pp. 433 ss.; Cocchi, Comment. in Codicem…, vol. III, p. 25-26; Regatillo, Inst. Juris Canonici, vol. I, p. 299.  Otros adoptan la clasificación de san Roberto Belarmino, pero introducen en ella pequeñas modificaciones: Bouix, Tract. de Papa, tom. II, pp. 654 ss.; Sipos, Ench. Iuris Can., p. 156, ítem d.
  1. De Romano Pontifice, lib. II, cap. XXX. – No consideraremos aquí las observaciones que san Roberto Belarmino hace sobre esta cuestión en otros pasajes de sus escritos.
  2. Ver Denz.-Sch., índice sistemático, ítem G4db.
  3. Hacemos referencia aquí únicamente a la clasificación presentada por San Roberto Belarmino en De Romano Pontifice, libro II, capítulo XXX.
  4. Los autores marcados con dos asteriscos juzgan más probable que un Papa no pueda caer en la herejía, pero no consideran esta posición como cierta. Por esta razón, analizan la posibilidad de un Papa que se vuelve herético y toman posición concerniente a la pérdida eventual del Pontificado. Así, no es sorprendente que sus nombres aparezcan dos veces en la columna “Principales defensores”: entre aquellos que sostienen que el Papa nunca caerá en la herejía (primera opinión de la clasificación de San Roberto Belarmino) y entre aquellos que se pronuncian sobre la pérdida del Pontificado por un Papa herético (según la quinta opinión de la clasificación de San Roberto Belarmino). Ver pp. 154-155.
  5. Teniendo en cuenta los criterios adoptados para la enunciación de las “opiniones diversas”, está claro que las posiciones B, B-II y B-II-3 constituyen opiniones genéricas, que se vuelven más específicas en lo que sigue inmediatamente.

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