Juan XXIII (4) Después de su Muerte:
Acusación Pública de Herejías Ocultas
Tabla de Contenidos
Introducción
- Las Pruebas Avanzadas de la Pertenencia de Angelo Roncalli a la Francmasonería
1.1. Testimonio de Carlos Vazquez Rangel, Gran Comandante del Consejo Supremo de los
Masones de México
1.2. Testimonio de Pier Carpi
1.3. Testimonio de Franco Bellegrandi
1.4. Testimonio de Gioele Magaldi
- La Francmasonería Como Herejía Formal
- Evaluación de la Credibilidad de los Testigos
3.1. Análisis del Testimonio de Carlos Vazquez Rangel
3.2. Análisis del Testimonio de Pier Carpi
3.3. Análisis del Testimonio de Franco Bellegrandi
3.4. Análisis del Testimonio de Gioele Magaldi
- Principios Generales de la Credibilidad de un Testimonio
4.1. Criterios Generales
4.2. Credibilidad Específica de un Testimonio Proveniente de un Francmasón
- Ausencia Notable en la Lista Pecorelli y en Don Luigi Villa
5.1. La Lista Pecorelli
5.2. Don Luigi Villa
- Ausencia de Prueba Externa Irrefutable y Principios Tomistas
Conclusión
Introducción
Este capítulo trata de Angelo Giuseppe Roncalli, conocido como Juan XXIII, cuya afiliación a una secta herética habría sido descubierta después de su muerte según varios autores.
Según la opinión común de los teólogos, un hereje público no puede detentar válidamente el oficio papal, porque está separado del Cuerpo místico de Cristo (véase el capítulo sobre la “herejía”).
Este caso es excepcional, porque la publicidad de la herejía se habría producido algunos años después de la muerte de Juan XXIII, mientras que durante toda su vida habría sido oculta hasta este descubrimiento.
- Las Pruebas Avanzadas de la Pertenencia de Angelo Roncalli a la Francmasonería
Testimonios indican que Angelo Roncalli habría sido iniciado en la francmasonería antes de su elección.
1.1. Testimonio de Carlos Vazquez Rangel, según algunos era Gran Comandante del Consejo Supremo de los Masones de México
Carlos Vazquez Rangel declara: “El mismo día, en París, el profano (“no masón” en la jerga masónica) Angelo Roncalli (Juan XXIII) y el Profano Giovanni Montini (Pablo VI) fueron iniciados en los augustos misterios de la Fraternidad. Así se demuestra que gran parte de lo que se realizó en el Concilio descansaba sobre los principios masónicos.” (Entrevista publicada en la revista Proceso, citada por Mary Ball Martinez en The Athanasian, Vol. XIV, n° 4, 1 de junio de 1993).
1.2. Testimonio de Pier Carpi
Informa de una iniciación en 1935 en Turquía, ligada a una sociedad rosacruz (Las Profecías de Juan XXIII, 1975). Sin embargo, el propio Carpi nació solo en 1940. Por lo tanto, no tiene ningún testimonio directo.
Pier Francesco Carpi era un escritor, ensayista, novelista, guionista y director italiano nacido el 16 de enero de 1940 en Arceto di Scandiano, Italia, y fallecido el 26 de junio de 2000. Es particularmente conocido por sus obras que tratan temas esotéricos, ocultos y proféticos, como el mencionado “Las Profecías del papa Juan XXIII” (traducido del italiano Le profezie di papa Giovanni en 1978), donde pretende revelar visiones apocalípticas atribuidas al papa Juan XXIII, que cubren la historia de la humanidad de 1935 a 2033.
1.3. Testimonio de Franco Bellegrandi
Era un historiador italiano, periodista y dignatario al servicio de la Iglesia católica. Ejercía como camarero de honor de la espada y del manto (un título honorífico dentro de la Corte pontificia) junto a los papas Pío XII y Pablo VI, y también contribuyó como corresponsal al periódico oficial del Vaticano, L’Osservatore Romano. Bellegrandi es particularmente conocido por su obra Nikitaroncalli: Controvita di un Papa (publicada en 1994), en la que expone, siendo antiguo miembro de la Corte pontificia e insider de los pasillos vaticanos, una crítica acerba de la vida y la acción del papa Juan XXIII (Angelo Roncalli), a quien acusa de haber favorecido la infiltración modernista dentro de la Iglesia, llevando a la convocatoria del concilio Vaticano II. Menciona entre otras cosas documentos discutidos en el cónclave de 1958 que prueban la pertenencia de Mons. Roncalli a la francmasonería desde la nunciatura en Turquía (Nikitaroncalli, 1994).
1.4. Testimonio de Gioele Magaldi
Figura de la francmasonería progresista, nacido en 1971. Es notablemente conocido por haber fundado el movimiento masónico Grande Oriente Democratico (GOD) y por su obra “Massoni, Società a responsabilità illimitata, La scoperta delle Ur-Lodges” (ediciones Chiaralettere, noviembre de 2014), en la que afirma que Roncalli pertenecía a cuatro superlogias: Ecclesia (n° 11), Ghedullah (n° 16), Ioannes (n° 20) y Montesquieu (n° 27), con afiliación a los grados de Aprendiz, Compañero y Maestro.
- La Francmasonería Como Herejía Formal
La pertenencia a la francmasonería constituye una herejía formal, porque implica la adhesión a doctrinas contrarias a la fe católica, tales como el indiferentismo religioso y el naturalismo.
Está condenada por la bula In Eminenti Apostolatus Specula de Clemente XII (1738) y reafirmada por León XIII en Humanum Genus (1884):
“Los principios y las máximas de la secta masónica son diametralmente opuestos a la doctrina católica.” (Edición latina original).
El Código de derecho canónico de 1917, canon 2335, declara:
“Los afiliados a las sectas masónicas u otras asociaciones del mismo género que maquinan contra la Iglesia o los poderes civiles legítimos contraen ipso facto la excomunión simplemente reservada a la Sede Apostólica.”
Esta excomunión priva al culpable de la comunión jurídica con la Iglesia y del ejercicio de numerosos derechos eclesiásticos. Si la adhesión a la francmasonería conlleva además una herejía formal y pública, separa también a su autor del cuerpo de la Iglesia.
- Evaluación de la Credibilidad de los Testigos
¿Estos testimonios, provenientes a menudo de masones ellos mismos, constituyen una prueba suficiente?
3.1. Análisis del Testimonio de Carlos Vazquez Rangel
Una declaración pública de 1993, reportada en una entrevista en la revista Proceso y retomada por sitios católicos tradicionalistas como Foro Católico (13 de abril de 2020), plantea una cuestión seria. Afirma la existencia de cuatro logias masónicas en el Vaticano, así como la iniciación simultánea de los papas Juan XXIII (Angelo Roncalli) y Pablo VI (Giovanni Montini) en 1937 en la Gran Logia de Francia, y la pertenencia masónica de figuras como el obispo Sergio Méndez Arceo.
Estas alegaciones, no respaldadas por pruebas documentales irrefutables, son a menudo amplificadas por ambientes antimodernistas. Pero en ausencia de confirmación independiente – y dada la naturaleza secreta de las logias –, estas palabras pertenecen más a la opinión personal que a una verdad cierta. No constituyen prueba de mentira deliberada por parte de Vázquez Rangel, pero invitan a una prudencia acrecentada: un dirigente masónico puede estar tentado de exagerar para promover su obediencia, sin que eso invalide el conjunto de su trayectoria.
En efecto, después de este testimonio, conviene sin embargo constatar que ningún elemento de prueba material lo acompaña. Ninguna copia de un registro de iniciación, ninguna firma autentificada, ningún documento contemporáneo, ninguna acta de logia, ningún testimonio directo e independiente, ninguna fecha precisa verificable, ni ningún lugar susceptible de ser controlado por fuentes históricas, se producen en apoyo de esta afirmación. En materia histórica como en materia jurídica, una simple declaración, incluso emanando de una persona que ocupa una función elevada dentro de una organización, nunca basta para establecer con certeza un hecho tan grave. El valor probatorio de un testimonio depende esencialmente de la posibilidad de verificar objetivamente su contenido. En ausencia de toda corroboración independiente, esta declaración permanece como una simple alegación y no puede constituir, por sí sola, una prueba cierta de la pertenencia masónica de Angelo Roncalli.
Admitir lo contrario equivaldría a considerar que una acusación de extrema gravedad podría ser tenida por demostrada por la sola autoridad de quien la afirma, sin que se exija ninguna prueba objetiva, lo cual es contrario a los principios fundamentales de toda justicia y de todo método histórico.
3.2. Análisis del Testimonio de Pier Carpi
Pretende revelar visiones apocalípticas atribuidas al papa Juan XXIII, que cubren la historia de la humanidad de 1935 a 2033. Este libro “Las Profecías del papa Juan XXIII”, que conoció cierto éxito en ambientes ávidos de misterios, es sin embargo criticado por su estilo ambiguo y su falta de fuentes históricas fiables, según algunos observadores. Carpi también realizó películas como Povero Cristo (1975) y La moglie del diavolo (La esposa del diablo, 1979), y trabajó como guionista de historietas.
Su vida y su obra se inscriben en un interés marcado por lo misterioso y las sociedades secretas, sin vínculo directo con la doctrina católica auténtica, que condena tales especulaciones supersticiosas como contrarias a la fe (cf. Catecismo de Trento, parte I, capítulo II, sobre los falsos milagros y las adivinaciones).
Su libro no cita ningún documento de archivo que permita controlar sus afirmaciones.
3.3. Análisis del Testimonio de Franco Bellegrandi
Sus afirmaciones descansan esencialmente en testimonios anecdóticos, interpretaciones simbólicas y rumores provenientes de círculos vaticanistas internos, sin pruebas documentales irrefutables.
3.4. Análisis del Testimonio de Gioele Magaldi
Análisis independientes, como el del blog Irregolare (28 de noviembre de 2014), califican su trabajo de “gran bluff” y de conspiracionismo disfrazado, subrayando la ausencia de pruebas sólidas a pesar de cientos de páginas. En foros como Steemit (5 de septiembre de 2017), su obra es vista como una obra novelesca más que factual, comparable a un thriller más que a una investigación rigurosa. Usuarios en X (antiguo Twitter), tales como @JakTubal (23 de febrero de 2024 y 3 de diciembre de 2022), lo comparan con Dan Brown, notando que sus 50 páginas de referencias bibliográficas no sustentan sus tesis extravagantes, sirviendo más bien para “ahogar al lector” con lo verdadero para hacer pasar lo falso.
Sus intervenciones mediáticas, como entrevistas en Affaritaliani.it o apariciones en Border Nights (pódcast de 2014 y 2021), son a menudo sensacionalistas, reforzando la imagen de un promotor de ideas más que de un investigador objetivo.
- Principios Generales de la Credibilidad de un Testimonio
4.1. Criterios Generales
La Credibilidad de un Testimonio descansa esencialmente en la credibilidad del testigo, porque el testimonio no es más que una palabra que reporta un hecho.
Para evaluar esta credibilidad, se examina:
- La sinceridad del testigo: ausencia de motivo de mentira (interés personal, odio, miedo).
- Su competencia: capacidad de observar y recordar correctamente (salud mental, distancia, condiciones).
- Su coherencia: ausencia de contradicciones internas o con hechos establecidos.
- Su corroboración: acuerdo con otros testigos fiables o pruebas objetivas.
Sin estas cualidades, el testimonio pierde todo valor probatorio, porque una palabra no fiable no prueba nada.
4.2. Credibilidad Específica: la de un Testimonio Proveniente de un Francmasón
Y hablando… de un papa acusándolo de un crimen inaudito: en efecto, nunca en la historia bimilenaria de la Iglesia ha habido un papa hereje según el Concilio Vaticano I.
La credibilidad de un francmasón que testimonia que un papa es francmasón es nula, por las siguientes razones, expuestas con claridad:
4.2.1. Falta de sinceridad: Los francmasones están ligados por juramentos secretos y mentirosos, enemigos jurados de la Iglesia católica (condenados infaliblemente por el magisterio anterior a 1963, notablemente por Humanum Genus de León XIII, 20 de abril de 1884). Su testimonio apunta a menudo a engañar o difamar. Y hacer caer a un papa es obviamente el summum para un francmasón.
El documento, extraído de la “Instrucción Permanente de la Alta Vendita” – la más alta instancia dirigente de la Carbonería italiana, sociedad secreta revolucionaria del siglo XIX, estrechamente ligada a la francmasonería continental -, publicado en 1859 a petición del papa Pío IX, y proporcionado en la edición de Jacques Crétineau-Joly, “L’Église romaine en face de la Révolution”, 1859, expone con claridad diabólica la estrategia masónica: así, “para destruir el catolicismo, hay que destruir al Papa”.
4.2.2. Incompetencia moral: Como miembros de una secta herética y conspiradora, no tienen ni la probidad ni la objetividad requeridas para reportar la verdad sobre la Iglesia.
4.2.3. Incoherencia habitual: Sus afirmaciones sobre otros temas verificados son contradictorias con los hechos establecidos por fuentes católicas fiables y carecen de pruebas objetivas.
4.2.4. Ausencia de corroboración legítima: Tal testimonio solo puede ser confirmado por otras fuentes católicas puras, no por cómplices de la secta.
4.2.5. Maquiavelismo: los miembros de estas sectas se reservan el derecho de mentir por un “bien mayor” (principio masónico del esoterismo relativista), haciendo que sus afirmaciones sean sujetas a cautela:
– Como advierte León XIII en Humanum Genus (1884):
“… las seducciones y las artimañas de los apóstoles de la mentira…. de los artificios pérfidos y variados con ayuda de los cuales sus prosélitos buscan enlazar a los hombres…”
– Clemente XII, In eminenti (1738) declara formalmente que las sociedades masónicas están fundadas en el secreto, los juramentos ilícitos, los artificios y engaños. Por lo tanto su testimonio no es fiable, al contrario, hay que desconfiar audazmente.
4.2.6. Consecuencia jurídica del principio
Si se admite que una acusación tan grave pueda ser tenida por demostrada únicamente por testimonios provenientes de francmasones, sin ninguna prueba documental independiente ni corroboración objetiva, el mismo procedimiento podría mañana ser utilizado contra cualquier papa, obispo o sacerdote. Tal principio arruinaría toda seguridad jurídica, puesto que bastaría una simple acusación, emanando de una organización secreta y condenada, para arrojar el descrédito sobre cualquier miembro de la jerarquía. El principio se volvería así universalmente destructor del derecho e incompatible con las exigencias elementales de la justicia natural como del derecho canónico.
– Canon 1939 §1 del Código de 1917. Si el delito no es ni notorio ni absolutamente cierto, pero resulta de rumor público, de denuncia o de cualquier otra fuente, debe preceder una investigación especial a fin de establecer si la imputación tiene fundamento y cuál.
Este canon muestra que la simple sospecha o la fama pública nunca bastan por sí solas. Por consiguiente, un individuo nunca es declarado ni tratado como hereje sin prueba pública, notoria y cierta.
Santo Tomás de Aquino enseña que el testimonio no aporta una certeza absoluta, sino solo una certeza probable (“auctoritas testimonii non est infallibilis sed probabilis”). Por eso la credibilidad de un testimonio disminuye cuando la persona del testigo presenta motivos serios de desconfianza. Cita notablemente a los infieles, a las personas de mala reputación y a las culpables de un crimen público entre los testigos cuya deposición puede ser descartada. (S. Tomás de Aquino, Summa Theologiae, II-II, q. 70, a. 3.)
En resumen, un testimonio proveniente de un enemigo declarado de la Iglesia no prueba nada; es intrínsecamente sospechoso y debe ser rechazado como falso hasta prueba cierta de lo contrario por testigos católicos irreprochables.
- Ausencia Notable en la Lista Pecorelli y una mención sorprendente en Don Luigi Villa
5.1. La Lista Pecorelli
Mons. A.G. Roncalli no figura en la “lista Pecorelli”, que da todos los prelados francmasones importantes de mediados del siglo XX.
Esta lista, publicada el 12 de septiembre de 1976 en la revista L’Osservatore Politico por el periodista italiano Carmine Pecorelli (él mismo miembro de la logia Propaganda Due), enumera altos prelados y funcionarios del Vaticano acusados de pertenecer a la francmasonería, con sus fechas de iniciación, números de código y seudónimos. Apunta principalmente a los años 1960-1970, bajo el reinado del pretendido Pablo VI.
Según la puesta en “Excel” provisional proporcionada por el Comité internacional Rore Sanctifica (basada en la publicación original de Pecorelli), y confirmada por análisis como el de Carlo Alberto Agnoli en La Maçonnerie à la conquête de l’Église (1996, p. 17-18), Roncalli no figura allí. Esta lista, aunque criticada por su parcialidad (Pecorelli siendo francmasón), posee una fiabilidad general reconocida por investigadores católicos como Agnoli, que notan su ausencia de nombres como el de Roncalli, fallecido en 1963.
5.2. Don Luigi Villa
Don Luigi Villa (1918-2012) era un sacerdote católico italiano, ordenado en 1942, misionero comboniano, fundador del instituto Operaie di Maria Immacolata y director de la revista Chiesa Viva. Encargado por Pío XII y Padre Pío, desenmascaró la infiltración masónica en la Iglesia, defendiendo la Tradición católica contra los errores posconciliares.
Don Luigi Villa escribe en su libro sobre “¿Pablo VI… beato?”:
“..se tuvo la confirmación durante otro Congreso, promovido por el Instituto ‘J. Maritain’, en las Marcas, sobre el tema: « ¿Cómo llegamos al Vaticano II? ». En nombre de la Conferencia Episcopal Italiana, estaba presente en el ‘Congreso’ Mons. Ruini, entonces Secretario. Pues bien, « El tema – escribió Baldoni – se concentró sobre todo en la figura del papa Roncalli y en la apertura al mundo, en el hecho de que este papa excepcional haya querido mirar por la ventana “.
Pero Mons. Capovilla reveló – ¡por primera vez! – que había visto el rostro del Pontífice surcado de lágrimas, poco antes de morir, debido a que algunos afirmaban que había puesto en marcha un proceso que no sería para el bien de la Iglesia!. ¡Estas ‘lágrimas’ del papa Roncalli demuestran que no había previsto en absoluto los efectos negativos de sus decisiones, de sus gestos apostólicos (!!) realizados sin consultar ni a su secretario de Estado, el card. Tardini, ni tampoco a los otros cardenales responsables de las diferentes Congregaciones competentes, en particular la del Santo Oficio, mientras escuchaba preferentemente a su profeta-consejero, su factioso secretario personal, Mons. Capovilla, hasta el punto de que el card. Tardini llegó a pedir poder abandonar su puesto, y el card. Siri, entonces Secretario de la Conf. Episcopal Italiana, protestó ante el papa contra este inusitado entrometimiento y esta manera de actuar inconsiderada de Mons. Capovilla, pero sin resultado!”
- Ausencia de Prueba Externa Irrefutable y Principios Tomistas
Sin prueba externa irrefutable (testimonios oculares, documentos auténticos verificados por la Iglesia), se aplica el principio tomista de no pretender a lo que excede la razón cierta. Un sospechoso es presumido inocente hasta la prueba cierta, según un principio universal de todo derecho.
Así el Derecho Canónico:
Canon 1748 “§2. Actore non probante, reus absolvitur.
“§2. Si el demandante no prueba, el reo es absuelto.”
Finalmente: “De mortuis nihil nisi certum”
“De los muertos, no se debe decir más que lo cierto”: la Iglesia nunca juzga a los muertos sobre la base de rumores, menos aún sobre testimonios de enemigos o de sociedades condenadas.
Otro principio fundamental del derecho romano permanece plenamente aplicable en esta materia:
“Ei incumbit probatio qui dicit, non qui negat.”
“La prueba incumbe al que afirma, no al que niega.”
En consecuencia, quien sostiene que Angelo Roncalli pertenecía a la francmasonería debe aportar pruebas ciertas, públicas y objetivamente verificables. A falta de tal demostración, esta acusación no puede ser tenida por históricamente establecida, sino que permanece en el nivel de una simple hipótesis u opinión.
- Primera Conclusión
La iniciación de Angelo Roncalli en la francmasonería no está demostrada por hechos históricos ciertos independientes de toda fuente sectaria, indiciaria o de oídas.
Según la enseñanza apostólica de san Pablo – 1 Tim. 5, 19: “Contra un sacerdote (tanto más un papa), no aceptes una acusación, si no es sobre la deposición de dos o tres testigos” -, ninguna cadena concordante de pruebas primarias publicadas y verificables, provenientes de prelados católicos fieles a la doctrina tradicional y de archivos eclesiásticos accesibles, confirma estas lealtades de Roncalli en Turquía y en otros lugares.
La ausencia de toda medida disciplinaria o de acusación pública por parte de Pío XII, que vigilaba discretamente las compromisiones diplomáticas, así como la inexistencia de documentos originales publicados que demuestren una iniciación cierta, indican que esta afiliación pertenece a una opinión incierta y no a una enseñanza segura.
El beato Pío XII nombró al cardenal Angelo Giuseppe Roncalli patriarca de Venecia el 5 de marzo de 1953 (bula pontificia del 15 de enero de 1953, publicada en el mes de marzo). Fue consagrado obispo e instalado en Venecia el 19 de marzo de 1953. Pío XII murió el 9 de octubre de 1958. En esa fecha, Mons. Roncalli era todavía patriarca titular de Venecia y cardenal-presbítero del título de Santa Prisca.
Si Pío XII hubiera poseído una prueba cierta de que Roncalli pertenecía a una secta condenada bajo pena de excomunión, sería difícil explicar por qué lo habría nombrado sucesivamente nuncio, cardenal y luego patriarca de Venecia.
En ausencia de documentos que establezcan que Pío XII conocía tal pertenencia, esta sucesión de promociones constituye un indicio histórico serio contra la certeza de esta acusación.
Los católicos apegados a la verdad doctrinal deben rechazar las conjeturas no fundadas y mantenerse firmemente en la fe inmutable, sin ninguna compromisión con rumores.
En conclusión, Juan XXIII, reconocido por lo que varios autores llaman la aceptación pacífica universal, pero actuando como semi-hereje, sin herejía formal pública durante toda su vida, ejerció válidamente su oficio.
Las alegaciones masónicas, dudosas, no podrían invalidar esto.
- La Opinión ampliamente extendida: Juan XXIII era hereje y por lo tanto no papa.
Sin embargo, constatamos que un gran número de católicos (sedevacantistas) consideran los testimonios e indicios de la pertenencia de Roncalli a la FM como fiables, y los otros indicios – todo esto junto – suficientes como prueba de su estado de hereje.
Solo podemos concluir por respeto a la opinión de nuestros confráteres, aceptar que esta cuestión no está resuelta, que nuestras convicciones son mientras tanto solo opiniones.
Porque este principio nos obliga a todos:
“In necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas”
En teología el adagio se vuelve:
“In fide unitas, in opiniis libertas, in omnibus caritas.”
He aquí la traducción explicativa:
“En las cosas necesarias de la Fe, hay que guardar la unidad entre nosotros;
En las opiniones, se tiene la libertad;
En todas, hay que guardar la caridad, y no tratar de hereje a quien sostiene otra opinión que la nuestra o la vuestra.”
Desarrollaremos este adagio en un capítulo siguiente.
- Conclusión final
Esperamos una o varias pruebas absolutamente probatorias, sin dejar ninguna duda, que convencerán a todos.
Probablemente a más tardar, un futuro papa podrá decidir definitivamente, teniendo acceso a los archivos del Vaticano.
Que la Providencia divina nos guarde en la verdad católica inmutable.
Nota:
Puesto que en el mundo sedevacantista varios confráteres, entre ellos un cierto número de obispos y sacerdotes, sostienen una opinión diferente de la mía, acepto y aplico el adagio “in fide unitas, in opiniis libertas, in omnibus caritas”.
Puesto que son bastante numerosos, hay que tener en cuenta con una “evidencia extrínseca” a su favor, aunque la fuerza de los argumentos que empleo en el texto anterior le parezca dar el valor de una “evidencia intrínseca”. En todo caso me someto de antemano a toda decisión de la Iglesia en esta materia.