Objeciones sobre los Evangelios de los Santos Mateo y Marcos

La autenticidad apostólica del Evangelio

según san Mateo:

Una respuesta a objeciones relativas a su relación

con el Evangelio según san Marcos

 

 

Tabla de contenidos 

  1. Introducción  
  2. La amplia concordancia verbal entre los Evangelios de Mateo y de Marcos  
  3. La identificación de Mateo con Leví  
  4. La declaración de Papías acerca de una composición en hebreo  
  5. El testimonio constante de los primeros Padres  
  6. Conclusión  
  7. Lista de fuentes

 

 

 

  1. Introducción

 

La Iglesia católica, en su enseñanza constante anterior a la crisis moderna, ha atribuido siempre el primer Evangelio al apóstol Mateo, uno de los Doce. Esta atribución se apoya en el testimonio unánime de la antigüedad cristiana y en el carácter interno del texto mismo. Los musulmanes y ciertos escépticos modernos plantean con frecuencia tres dificultades particulares contra esta atribución tradicional. Estas dificultades conciernen a la estrecha concordancia verbal entre Mateo y Marcos, el doble nombre del autor y el informe de Papías según el cual Mateo habría escrito en el dialecto hebreo. Ninguna de estas dificultades, cuando se examina a la luz de las pruebas históricas y de la práctica del mundo antiguo, derriba el origen apostólico del Evangelio. Las páginas siguientes tratan sucesivamente cada punto, apoyándose en los testigos más antiguos disponibles y en el sentido histórico ordinario empleado por los Padres.

 

  1. La amplia concordancia verbal entre los Evangelios de Mateo y de Marcos

 

Es un hecho de alta certeza que aproximadamente el noventa por ciento del material que se encuentra en el Evangelio de Marcos aparece también en el Evangelio de Mateo, y que en muchos pasajes la redacción griega es casi idéntica. En otros pasajes Mateo amplía, abrevia o reordena el material. El proceso literario preciso que produjo esta concordancia no se conoce con certeza.

 

Varias explicaciones permanecen plenamente compatibles con la atribución tradicional al apóstol Mateo. En primer lugar, Mateo pudo haber compuesto un relato anterior en hebreo o arameo para los cristianos judíos de Palestina; la forma griega que ha llegado hasta nosotros sería entonces o bien una edición posterior preparada por el propio Mateo, o bien una traducción cuidadosamente realizada que habría utilizado el texto griego de Marcos ya en circulación. En segundo lugar, Mateo, escribiendo en griego, pudo haber retenido deliberadamente la redacción de Marcos porque ese Evangelio ya era recibido en las Iglesias como un relato exacto de la predicación de san Pedro y, por tanto, de las palabras y hechos de Cristo. En tercer lugar, un amanuense inspirado pudo haber contribuido a la composición griega final permaneciendo fiel a la sustancia del testimonio del propio Mateo.

 

En el mundo antiguo el ideal moderno de originalidad literaria tenía poco valor. Cuando existía ya un relato anterior y digno de confianza, un autor era libre de reproducirlo con exactitud. El fin del escritor sagrado era la fidelidad histórica bajo la dirección del Espíritu Santo, no la ostentación de una invención literaria independiente. La amplia concordancia con Marcos plantea, pues, cuestiones sobre el orden preciso de la composición, pero no contradice el origen apostólico del primer Evangelio.

 

  1. La identificación de Mateo con Leví

 

Es un hecho de muy alta certeza que el mismo hombre es llamado tanto Mateo como Leví en los Evangelios. En Mateo 9, 9 leemos que Jesús vio a un hombre llamado Mateo sentado en el despacho de impuestos. En Marcos 2, 14 el relato paralelo habla de Leví, hijo de Alfeo. En Lucas 5, 27 la misma persona es llamada Leví. La Iglesia primitiva reconoció universalmente que estas referencias se referían a una sola y misma persona.

 

Los judíos del primer siglo llevaban comúnmente dos nombres. Simón era llamado también Pedro; Saulo era llamado también Pablo; Tomás era llamado también Dídimo. El nombre Mateo, que significa «don de Dios», pudo muy bien ser el nombre con el que el antiguo publicano llegó a ser conocido después de su llamada por Cristo. No hay, por tanto, contradicción. La doble denominación es un rasgo ordinario de aquella época y de la cultura en la que tuvieron lugar los acontecimientos.

 

  1. La declaración de Papías acerca de una composición en hebreo

 

Papías de Hierápolis, que escribía a comienzos del siglo segundo, es referido por Eusebio de Cesarea como habiendo dicho: «Mateo compuso los logia en el dialecto hebreo, y cada uno los interpretó según pudo». El hecho de que Papías hiciera esta declaración es de muy alta certeza; el sentido preciso del término «logia» y la relación exacta de cualquier composición hebrea con el Evangelio griego que poseemos son de certeza menor.

 

Tres explicaciones han sido propuestas desde la antigüedad. Mateo pudo haber escrito primero un relato hebreo o arameo para los creyentes judíos y haber producido o supervisado más tarde una edición griega. Papías pudo haberse referido solamente a una colección de las palabras de Cristo más bien que al Evangelio narrativo completo. El Evangelio griego puede ser la edición posterior y ampliada que el propio Mateo hizo de una obra semítica anterior. En ninguno de estos casos pone Papías en duda la autenticidad del texto griego que la Iglesia ha recibido siempre como el Evangelio de Mateo. Simplemente registra la existencia de una forma anterior en el dialecto hebreo.

 

  1. El testimonio constante de los primeros Padres

 

La tradición según la cual el apóstol Mateo es el autor del primer Evangelio es ininterrumpida. Ireneo de Lyon declara que Mateo publicó un Evangelio escrito entre los hebreos en su propio dialecto mientras Pedro y Pablo predicaban en Roma. Orígenes, según lo refiere Eusebio, declara que Mateo escribió primero para los creyentes judíos y compuso el Evangelio en la lengua hebrea. Jerónimo afirma que había visto un texto hebreo de Mateo usado entre ciertos cristianos judíos, y atribuye repetidamente el Evangelio al apóstol que escribía en hebreo.

 

Ninguna fuente cristiana antigua atribuye el primer Evangelio a otro autor. El testimonio es temprano, extendido e incontrovertido. Este consenso de los Padres constituye un hecho histórico del mayor peso para determinar la cuestión de la atribución.

 

  1. Conclusión

 

Tres hechos están establecidos: la amplia concordancia verbal entre Mateo y Marcos, el doble nombre Mateo y Leví, y el informe de Papías según el cual Mateo compuso los logia en el dialecto hebreo. Ninguno de estos hechos refuta la atribución tradicional del Evangelio al apóstol Mateo. Conciernen al proceso literario por el cual el texto inspirado alcanzó su forma griega final, proceso que permanece parcialmente oscuro. La tradición cristiana más antigua y constante, sin embargo, atribuye el Evangelio únicamente a Mateo, y no existe ninguna pretensión antigua concurrente. La Iglesia ha recibido, por tanto, con razón el primer Evangelio como la obra auténtica del apóstol bajo la inspiración del Espíritu Santo.

 

  1. Lista de fuentes

 

Eusebio de Cesarea, Historia Ecclesiastica, Libro III, Capítulo 39. Texto griego; traducción inglesa de Arthur Cushman McGiffert en Nicene and Post-Nicene Fathers, Second Series, Volume 1, Christian Literature Publishing Company, Buffalo, Nueva York, 1890.

 

Ireneo de Lyon, Adversus Haereses, Libro III, Capítulo 1. Texto griego y latino; traducción inglesa en Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Christian Literature Publishing Company, Buffalo, Nueva York, 1885.

 

Orígenes, según lo cita Eusebio de Cesarea en Historia Ecclesiastica, Libro VI, Capítulo 25. Texto griego; traducción inglesa de Arthur Cushman McGiffert en Nicene and Post-Nicene Fathers, Second Series, Volume 1, Christian Literature Publishing Company, Buffalo, Nueva York, 1890.

 

Jerónimo, De Viris Illustribus, Capítulo 3. Texto latino; traducción inglesa de Ernest Cushing Richardson en Nicene and Post-Nicene Fathers, Second Series, Volume 3, Christian Literature Publishing Company, Buffalo, Nueva York, 1892.

 

Los santos Evangelios según san Mateo, san Marcos y san Lucas, en el texto latino tradicional de la Vulgata de san Jerónimo (diversas ediciones anteriores a 1964) y en los manuscritos griegos correspondientes recibidos por la Iglesia.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*