Faustina Kowalska falsa vidente y la falsa devoción de la Divina Misericordia

HERMANA FAUSTINA Kowalska

CONTRA HERMANA LUCÍA

por el hermano Bruno de Jesús-María.

 

Tabla de materias 

  1. La sentencia del Santo Oficio del 6 de marzo de 1959
  2. Una claridad misteriosa
  3. Visiones y vocación
  4. Partida hacia Varsovia
  5. Habéis dicho: virtud heroica
  6. Directora espiritual
  7. Incomprendida por sus superiores
  8. 1931: Pintarás con un pincel
  9. Animada por un predicador de retiros
  10. El padre Sopocko desobedece al arzobispo de Vilna
  11. 1935: El icono de Cristo misericordioso
  12. El Diario huele a herejía
  13. Contrahechura del mensaje de Fátima
  14. El Corazón Inmaculado de María fuente del agua viva de la misericordia
  15. En los abismos del infierno
  16. Rosario contra rosario
  17. Misericordia sin gracia
  18. Reprobada por el Santo Oficio
  19. Fiesta de la Misericordia para obtener la paz
  20. La misericordia en la Iglesia nadie la conoce
  21. Plagio de la hermana Benigna
  22. Polonia suplanta a Rusia
  23. Faustina suplanta a la Inmaculada
  24. La hermana Faustina garante de Karol Wojtyla
  25. La salvación para todos
  26. Fundadora de una nueva congregación
  27. Visión profética de su canonización
  28. Tú eres una santa
  29. Condenada por Roma
  30. Canonizada por Juan Pablo II
  31. La hermana Lucía suplantada
  32. La Virgen María herida en el talón
  33. Juan Pablo II el heresiarca
  34. Nota de la redacción de CatholicaPedia
  35. Lista de fuentes

 

 

 

  1. La sentencia del Santo Oficio del 6 de marzo de 1959

 

Al término de una investigación de varios años, el Santo Oficio pronunció su sentencia el 6 de marzo de 1959: Quede publicado que la suprema sagrada congregación del Santo Oficio, después de haber examinado las pretendidas visiones y revelaciones de la hermana Faustina Kowalska, del instituto de Nuestra Señora de la Misericordia, fallecida en 1938 cerca de Cracovia, ha decidido lo siguiente:

 

  1. Hay que prohibir la difusión de las imágenes y de los escritos que presentan la devoción a la divina Misericordia en las formas propuestas por dicha hermana Faustina.

 

  1. Se requiere de la prudencia de los obispos hacer desaparecer dichas imágenes que eventualmente hayan sido ya expuestas al culto.

 

Falsa mística, apóstol de una misericordia de ilusión antes del concilio Vaticano II, la hermana Faustina se convierte, después del concilio Vaticano II, en una verdadera santa, conocida mundialmente, por encima de toda sospecha. La hermana Faustina es la misericordia, y la misericordia es la hermana Faustina, la santa que el cardenal Karol Wojtyla hizo salir del seol del Índice (1978), y que el mismo, convertido en el papa Juan Pablo II, beatificó en 1993 y luego canonizó en el año 2000.

 

¿Qué ha ocurrido, pues, en la Iglesia de Dios para que sus más altas instancias doctrinales lleguen a permitir todas las manifestaciones de un culto que habían condenado algunos años antes? El 15 de abril de 1978, la Sagrada Congregación para la doctrina de la fe emitía la Notificación siguiente: Esta Sagrada Congregación, visto los numerosos documentos originales que no eran conocidos en 1959, teniendo en cuenta el profundo cambio intervenido en las circunstancias y el parecer de muchos obispos polacos, declara que las prohibiciones contenidas en dicha notificación ya no obligan.

 

El libro, publicado por Ewa K. Czaczkowska (EKC), Hermana Faustina, biografía de una santa (ed. Salvator, 2014), es una obra de referencia: su autora pretende hacer, en cuatrocientas páginas, toda la luz sobre la hermana Faustina y el origen de sus revelaciones, así como sobre el papel de quien contribuyó a promoverlas, Karol Wojtyla, el futuro papa Juan Pablo II.

 

  1. Una claridad misteriosa

 

Helena Kowalska nació el 25 de agosto de 1905 en Glogowiec en pleno corazón de Polonia, tercera hija de un hogar de pequeños propietarios. Ellos, sus seis hijas y dos hijos fueron, según la expresión misma de su párroco, católicos muy ordinarios. Estanislao, el padre, carpintero de oficio, poseía sin embargo una instrucción por encima de la media. Helena fue su hija preferida; él le enseñó a leer, y ella devoró con avidez un gran número de libros religiosos: Hacía conocer a los niños del pueblo diversas cosas, la mayoría de las veces vidas de santos y oraciones. (EKC, p. 31-33) Tenía en efecto una asombrosa facilidad para retener lo que leía y contarlo.

 

  1. Visiones y vocación

 

Desde su más temprana edad, Helena vivía experiencias espirituales extraordinarias. Tenía visiones. Contaba por ejemplo a sus hermanos y hermanas que veía en sus sueños a Nuestra Señora. La veía hermosa, paseándose por los jardines del Paraíso. Por la noche, despierta a su madre diciéndole que ha visto un resplandor de luz. ¿Dónde ves eso, pequeña tonta? Tienes alucinaciones, y después hablas? Así la reprendía su madre. Y sin embargo Helena continuaba despertándose por la noche, sentarse en su cama y rezar. Y su madre reaccionaba diciéndole: Te levantas todo el tiempo, en vez de dormir, te vas a volver loca. ¡Duerme! — Eh no, respondía Helena, pienso que es un ángel el que me despierta así para que no duerma, sino para que rece. (EKC, p. 33)

 

Después, Helena pedía a su madre que la dejara dormir un poco durante el día: Y la madre no siempre estaba de acuerdo porque en una familia numerosa, siempre había trabajo que hacer. El domingo, nuestra adolescente se negaba a veces a ayudar a su madre en la cocina y se apartaba para leer un misal. Mamá, no te enfades, porque Jesús se habría enfadado todavía más si no lo hubiera hecho. Desde la edad de siete años, cuenta ella, percibí la llamada definitiva del Señor, la gracia de la vocación a la vida religiosa. Por primera vez, oí en mí la voz de Dios, es decir la invitación a una vida más perfecta; pero no siempre he sido obediente a esta invitación de la gracia. No encontré a nadie que hubiera podido explicarme estas cosas. (Diario, ed. Apostolado de la Misericordia divina, 2010, § 7)

 

Había de todos modos su párroco a quien habría podido abrir su alma. Pero Helena, juzgando que aquello no era materia para tratar durante la confesión, permaneció sola con sus experiencias. (EKC, p. 34)

 

La joven sufría cruelmente de ser pobre, y no se resignó a ello. Dejó la casa para ir a trabajar porque no tenía ropa para el domingo, que su vestido no era presentable (EKC, p. 38). Esta joven adolescente se volvió tan presentable, había borrado tan bien toda huella de su pobre origen social, que casi no encontraba ya empleo: No quería aceptarla como doméstica, porque estaba tan bien vestida, demasiado bien vestida para una empleada de casa. (EKC, p. 56)

 

En 1921, Helena trabaja como ayudante doméstica en la panadería de los Bryszewski, en la pequeña ciudad de Aleksandrow cerca de Lodz. Es allí donde ve de nuevo el resplandor de luz: La claridad era tan intensa que Helena, asustada, pensaba que era un incendio. Empezó a gritar que el patio estaba en llamas (según una versión) o que los almacenes habían prendido fuego (según otra versión). Ocupados en aquel momento en meter el pan en el horno, los trabajadores de la panadería se precipitaron a mirar, pero no vieron nada. Inquietos por el estado mental de Helena, los Bryszewski llamaron a un médico que le prescribió un medicamento contra los dolores de cabeza. Además avisaron a los padres de que su hija se había vuelto loca.

 

Los Kowalski enviaron entonces a su hija mayor Jozefa para que verificara lo que ocurría. Jozefa retuvo bien estas palabras que tuvo dificultad en obtener de Helena: He visto una claridad. Di eso, que mamá no se inquiete. No estoy loca, pero no diré más. No me quedaré aquí mucho tiempo. (EKC, p. 48-49)

 

Helena tuvo otras visiones de esta claridad en Aleksandrow. Habla de ellas a su madre, pero todavía no a su párroco.

 

  1. Partida hacia Varsovia

 

Sus padres oponiéndose a su entrada en el convento, la joven se deja llevar por las vanidades de la vida, como ella misma confesará más tarde.

 

El tío Michal Rapacki le ayuda a encontrar trabajo, pero constata su inestabilidad: Cuando la organización y la manera de trabajar en una casa no le gustaban, se iba a otra parte. ¿Qué espíritu la conduce? no se puede dejar de plantearse la cuestión a la lectura de su Diario (600 páginas) redactado diez años más tarde. Helena refiere el reproche que Jesús le habría dirigido una tarde que bailaba en el baile: ¿Hasta cuándo vas a engañarme? Conmovida, se dirigió a la catedral, y allí, ante el Santísimo Sacramento, cayó con los brazos en cruz: Pedí al Señor que se dignara hacerme conocer lo que debo hacer. — Parte inmediatamente para Varsovia, allí entrarás en el convento. (Diario, 9)

 

Entonces, lloró a lágrima viva, tembló con todo su cuerpo, recordaba Stanislawa Rapacka, la mujer de Michal. Helena compró a su tío un poco de vodka (sic) y pasteles y le pidió que la condujera a la estación. (EKC, p. 64-65)

 

En Varsovia, Helena no conocía a nadie. Una vez llegada, cuando vi que cada uno de los pasajeros tomaba su camino, el miedo me invadió: ¿Qué hacer? ¿Adónde dirigirme? Relata en su Diario que la Santísima Virgen le vino en ayuda, indicándole tal pueblo para pasar la noche, pero ¿en casa de quién? Su biógrafa se pierde en las reconstituciones de itinerario…

 

Por consejo de su Voz, abre su alma a un sacerdote, es la primera vez, y éste la recomienda a una joven madre de familia, Aldona Lipszyc, que la recibe en su casa.

 

Sin embargo, Helena había recibido la orden: debe entrar en el convento, y en un convento que acepte a una joven sin dote.

 

Es el caso de las hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia. La congregación de la Divina Madre de la Misericordia, según su apelación oficial, se decía todavía de las Magdalenas, porque dedicada a la rehabilitación de las mujeres de mala vida. La fundadora, una princesa, Sulkowska Potocka, emparentada con la familia del cardenal Sapieha, había estado en Francia a formarse cerca de Thérèse-Agathe Rondeau, que dirigía una obra semejante en Laval. Desde 1862, estas religiosas, a fuerza de sabiduría y de devoción heroica, sofocaban lo que era entonces en Polonia un flagelo social.

 

Cuando la superiora del convento de Varsovia percibe a Helena, ésta no le hace buena impresión: A causa de su aspecto exterior un poco descuidado, me dije: Esta no es para nosotras. No obstante, por caridad, la madre Moraczewska la acepta en la congregación.

 

  1. Habéis dicho: virtud heroica

 

El 1 de agosto de 1925, Helena es recibida en comunidad en el coro de las hermanas conversas, luego es destinada a los trabajos de la cocina. La hermana Sabina Tronina relata: Helena me pedía a menudo durante el día: Hermana, quisiera ir a la capilla. A veces, yo no estaba de acuerdo. Helena estaba muy decepcionada, porque, según ella, el tiempo que las postulantes y las hermanas podían consagrar a la oración era demasiado limitado. (EKC, p. 83)

 

Aldona Lipszyc, venida a visitarla, refiere sus confidencias: Se lamentaba especialmente del reglamento que la obligaba a guardar el silencio y a caminar lentamente; decía que no podía defenderse cuando se le reprochaba injustamente algo. Me contó también que había sido humillada en presencia de todas, que había sido castigada por algo que no había hecho. (EKC, p. 86)

 

En su toma de hábito, el 30 de abril de 1926, en el momento en que las religiosas dejan la capilla para revestir su nuevo hábito religioso, se derrumba. No será la última vez: La hermana Klemensa Buczek tuvo que ayudar a Faustina a ponerse el hábito. Ésta parecía ausente. Le dije: Helena, hay que apresurarse. Helena se desmayó. Corrí a buscar agua de Colonia para que recobrara el conocimiento… Más tarde, me burlaba de ella diciendo que era la señal de que lamentaba el mundo. En su Diario, la hermana Faustina explicará esta debilidad así: Dios me hizo conocer cuánto debía sufrir. Los recuerdos de la madre Irena Krzyzanowska, la superiora de la hermana Faustina en Wilno en 1929, y en Cracovia a partir de 1936, parecen no dejar ver ninguna ambigüedad: Se presentó ante mí como una hermana seria, ya formada en la vida espiritual. Me era agradable ver su calma en el trabajo, sabía pasar del trabajo a los ejercicios espirituales, interrumpiendo las tareas a las que se dedicaba para practicar estos últimos. Noté en un primer tiempo que las frecuentes visitas a la capilla la absorbían; algunas hermanas, sobrecargadas, murmuraban: Es agradable ir a ver al Señor Jesús y dejarnos trabajar. En cuanto le recomendé que se esforzara por ayudar y aliviar a las hermanas, nunca más tuve que hablarle de ello. Sin embargo, numerosos testimonios confirman que la hermana Faustina se singularizó siempre en lo relativo al trabajo, con el mismo espíritu propio, la misma justificación que en su infancia o durante su postulantado. El hecho era conocido de todas las hermanas: Empleaba un tiempo considerable para hacer cualquier cosa. Otro motivo de perplejidad: Algunas religiosas estaban escandalizadas por la manera en que se vestía. La encontraban elegante, siempre impecablemente vestida, nunca se ponía ropa de trabajo, decían con celos (?). Y sin embargo el hábito religioso era más pesado de llevar y menos práctico en el trabajo; y en la cocina, hacía calor. Para Faustina, llevar su hábito no era solamente una manera de mostrar su orgullo de ser religiosa, sino también una especie de mortificación. Por eso nunca se arremangaba cuando trabajaba. (EKC, p. 149)

 

Entonces: ¿coquetería o mortificación? En 1933, la hermana Faustina estaba encargada del vestuario con la hermana Suzanna Tokarska. Ésta relata: En aquel momento, ya tenía la cabeza en otra parte, se ocupaba de apariciones y de órdenes de Jesús y no se interesaba en absoluto por el trabajo, incluso cuando había realmente mucho. No se puede decir que mostrara mucho devoción a las necesidades del servicio: Cuando llegaba al vestuario con retraso, yo no estaba contenta y me quejaba de que viniera tan tarde, cuando había tanto que hacer. Me escuchaba tranquilamente, a veces con una sonrisa, lo que me irritaba porque tenía la impresión de que no se sentía concernida. Y poco después, como si nada, decía: Hermana, me voy a hacer ejercicios. Se me caían los brazos y iba a quejarme a las superioras, pero en vano, porque las madres estaban al corriente de sus experiencias interiores y nunca tomaban posición a mi favor. Entonces, ya no decía nada y esperaba que este período de prueba terminara lo antes posible para poder desembarazarme de ella. (EKC, p. 107)

 

  1. Directora espiritual

 

La madre Borgia Tichy, la superiora del convento de Vilna, en 1935-1936, pensaba que la hermana Faustina sufría de histeria. Deploraba sobre todo su conducta singular dentro de la comunidad: En lo que respecta al dominio espiritual, se consideraba madura. Le gustaba dirigir a las hermanas, agruparlas en torno a ella indicando una cierta orientación. En una palabra, tenía el gusto de tomarse por una directora espiritual. Las jóvenes hermanas le pedían que interrogara a Jesús a propósito de sus problemas, por ejemplo para saber si se confesaban bien, si Jesús les había perdonado un pecado. (EKC, p. 237-238)

 

La hermana Fabiana Pickut relata: A menudo, durante la recreación, planteaba una pregunta a la que incluso las superioras no sabían responder, y éstas decían entonces con ironía: Ahí está, ha leído libros y nos da lecciones. Le reprochaban rodearse sólo de libros y no preocuparse del trabajo. No se quería demasiado a Faustina, porque la madre Borgia y las demás decían que después de haber leído algunos libros, se había vuelto pretenciosa.

 

A nosotras, las religiosas más jóvenes, la hermana Faustina nos pedía a menudo que rezáramos para que tal o cual hermana se mejorara, para que Jesús la iluminara, para que no ofendiera más a Jesús. (EKC, p. 232-236) Un día, dijo a la hermana Otylia Kondraciuk que una religiosa debía guardarse de lamer las botas a otras hermanas. (EKC, p. 328) Cuando algo no le gustaba, la hermana Faustina no andaba con rodeos, hacía observaciones tanto a superioras como a sacerdotes. (EKC, p. 139)

 

Además, la hermana Faustina refería en su Diario las pretendidas maldades de sus hermanas para con ella, a despecho de Maria Winowska que niega este rasgo en su biografía Derecho a la misericordia (ed. Saint-Paul, marzo de 1958, p. 54).

 

El padre Jan Grzegorczyk da la razón a Winowska y resume los ejemplos que proporciona con una frase de la hermana Faustina: ¡Oh! qué dulce es vivir en el convento entre las hermanas, pero no hay que olvidar que estos ángeles viven en un cuerpo humano (Diario, 1126). (Grzegorczyk, Faustina, apóstol de la misericordia, Cerf, 2009, p. 121-123) Cuando nuestro Padre, el abad de Nantes, tome conocimiento de las críticas de la hermana Faustina juzgando severamente a ciertas religiosas de su congregación, quedará mal impresionado y se mostrará muy reservado sobre su pretendida santidad.

 

  1. Incomprendida por sus superiores

 

La superiora general había echado una ojeada rápida a sus notas íntimas. Las encontró sin interés. Y no era la única […]. Incluso el confesor no me comprende, nadie me comprende. (EKC, p. 141)

 

La madre Borgia pensaba que sus pretendidas revelaciones no eran más que ilusiones piadosas; lo dirá de nuevo en sus deposiciones doce años después de la muerte de la hermana (Jan Grzegorczyk, p. 119).

 

¿Ilusiones piadosas… o diabólicas? Mientras está en desconfianza respecto de sus superioras que quieren esclarecerla y guiarla, la hermana Faustina experimenta tentaciones de desesperación, de blasfemias, de aversión al Santísimo Sacramento, de rechazo de las verdades reveladas: Pero Jesús no oye mis llamadas, siento que mis fuerzas físicas me abandonan completamente, caigo al suelo, la desesperación invade toda mi alma, soporto verdaderos dolores infernales que no difieren en nada de los tormentos del infierno. (Diario, 24)

 

Ewa K. C. diserta laboriosamente sobre la noche de los sentidos y de la fe según san Juan de la Cruz, único autor místico capaz de dar cuenta del estado agonal de la santa. Pero no se detiene en el hecho de que su confesor le niega entonces la absolución.

 

En 1933, la madre Janina Bartkiewicz, una de las madres más antiguas y meritorias de la comunidad, que había sido su maestra de postulantado, se opone en vano a que haga su preparación a los votos perpetuos: Hermana, sea razonable, el Señor Jesús no le ha hablado tan íntimamente, usted que es tan miserable, tan imperfecta. Retenga bien esto: el Señor Jesús no se da más que a las almas santas, no a las almas pecadoras como la suya, mi hermana. (EKC, p. 102; Diario, 29)

 

Según la superiora general, la madre Moraczewska, la hermana Faustina, muy sensible, vivía muy mal estas reprimendas. Sin embargo, la maestra de novicias, la madre Brzoza, estaba impresionada por su pretensión de alcanzar una gran santidad (EKC, p. 145).

 

Los testimonios de sus hermanas y de sus superioras son a veces discordantes. Más aún que su conducta que puede dar lugar a interpretaciones contradictorias, es el contenido doctrinal de sus revelaciones el que nos esclarecerá definitivamente sobre la naturaleza del Espíritu que la conducía.

 

  1. 1931: Pintarás con un pincel

 

La superiora general, muy clarividente, al menos en un primer tiempo, observaba que la imaginación de la hermana inclinaba hacia la exageración. La madre Moraczewska estaba obsesionada por la idea de que el origen de las revelaciones de Faustina fuera su fantasía exagerada o una histeria, pues, a veces, lo que anunciaba no se producía. (EKC, p. 20 y 306)

 

El 22 de febrero de 1931, primer domingo de Cuaresma, después de la cena, religiosas del convento de Plock perciben una luz que irradia de la celda de la hermana Faustina. Ésta describirá la visión de la que ha gozado como de una aparición de Cristo: Una mano estaba levantada para bendecir, la segunda tocaba su vestido sobre el pecho. Su Corazón no era visible. De la túnica entreabierta sobre el pecho salían dos grandes rayos, uno rojo, el otro pálido. En silencio, fijaba mi mirada en el Señor, mi alma estaba presa de temor pero también de una gran alegría. Después de un momento Jesús me dijo: Pinta un cuadro según la imagen que ves, con la inscripción: Jesús, confío en Ti. Deseo que se honre esta imagen, primero en vuestra capilla, luego en el mundo entero. Prometo que el alma que honre esta imagen no se perderá. Le prometo también la victoria sobre sus enemigos desde aquí abajo, y especialmente a la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé, como mi propia gloria. (Diario, 47)

 

Habiendo revelado su visión al confesor de la comunidad, éste interpretó la demanda: Eso concierne a tu alma. Pinta la imagen de Dios en tu alma. (EKC, p. 15)

 

En cuanto a sus superioras, se mostraron reservadas: Me testimoniaban lástima como si estuviera en la ilusión o bien bajo la influencia de mi imaginación. (Diario, 38)

 

A finales de febrero de 1931, después de su entrevista con su confesor, la religiosa polaca es de nuevo solicitada por su Visión: Deseo que haya una fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con un pincel sea solemnemente bendecida, el primer domingo después de Pascua, este domingo debe ser la fiesta de la Misericordia. La Madre general será avisada del desconcierto de su hija: La superiora de Plock me decía que la hermana debía pintar un cuadro, pero ella misma no se dirigió a mí más que después de haber vuelto a Varsovia para la tercera probación. Le respondí: Muy bien, mi hermana, le daré las pinturas y un lienzo, póngase a pintarlo.

 

Se fue consternada y, por lo que sé, se dirigió a varias hermanas preguntándoles si podían pintar para ella un cuadro del Señor Jesús. Lo hizo discretamente, pero sin éxito, estas hermanas no sabiendo pintar tampoco; se veía bien sin embargo que esta idea la atormentaba.

 

Así, la Visión le había ordenado pintar ella misma este cuadro, pero sin darle las capacidades para hacerlo…

 

Su petición fue a menudo mal recibida por sus hermanas: Cuando el Señor exigió que pintara este cuadro, se puso a hablar de mí y a mirarme como una histérica y una iluminada. (EKC, p. 13)

 

  1. Animada por un predicador de retiros

 

En noviembre de 1932, cinco meses antes de sus votos perpetuos, la hermana Faustina se dirige al convento de Walendow para un retiro de ocho días. Es un padre jesuita quien lo predica, Edmund Elter. Faustina está entonces en una gran agitación de espíritu: El demonio (sic) me dice con insistencia que, puesto que las superioras han dicho que mi vida interior era una ilusión, ¿para qué pedir todavía al confesor y fatigarlo? No obstante, la hermana Faustina se confesó con él y el predicador confiará a la comunidad que había encontrado aquí un alma extraordinaria. De esta sola entrevista, concluye que su vida era enteramente sobrenatural y que era dirigida de manera visible por Dios (EKC, p. 192).

 

Tras esto, la superiora general quiso darle un director espiritual experimentado, que creyó encontrar en la persona del padre jesuita Andrasz. La hermana Faustina interrogó a la Santísima Virgen: Madre mía, dime si este confesor es el que Jesús me ha prometido como una ayuda visible. La Madre de Dios se lo confirmó. (EKC, p. 206)

 

Otro sacerdote, profesor de teología, de cuarenta y cinco años, se convirtió también en su Padre espiritual: el abad Michal Sopocko, a quien había visto, decía ella, en sueños. Lo reconoció cuando llegó al convento de Vilna a finales de mayo de 1933.

 

  1. El padre Sopocko desobedece al arzobispo de Vilna

 

El abad Sopocko reflexiona, reza, se informa: Ha presentado también el problema de las apariciones de la hermana Faustina al arzobispo de Vilna, monseñor Romuald Jalbrzyskowski. Este último le aconsejó ser muy prudente, no ceder a las ilusiones y le ordenó no hablar de ello a nadie. Por tanto, ni a las superioras de la religiosa, ni a un eventual pintor.

 

El arzobispo Jalbrzyskowski estaba muy informado de sus revelaciones por la superiora del convento. Posteriormente, la hermana se confesará con él dos veces durante la ausencia del abad Sopocko en septiembre de 1935. El arzobispo era muy escéptico en cuanto a la veracidad de sus revelaciones. (EKC, p. 225)

 

Su nuevo director comenzó por librarla de una imposibilidad, la de obedecer a su Visión pintando ella misma la imagen pedida, con un pincel, según la orden recibida en febrero de 1931. Confió esta tarea a Eugenio Kazimirowski.

 

El abad Sopocko tomó esta decisión mientras dudaba todavía sobre la naturaleza del Espíritu que estaba en el principio de estas revelaciones.

 

La superiora aprovechaba el día de paseo de las hermanas para enviar al abad Sopocko y a la vidente a este pintor. Ésta daba las consignas al hombre del arte, y el director espiritual tomaba un aire inspirado para la pose. Kazimirowski terminó el cuadro de Jesús misericordioso durante el verano de 1934, mediante pago.

 

Sin el abad Sopocko [y su desobediencia al arzobispo], la hermana Faustina no habría logrado obtener un cuadro de Jesús misericordioso. (EKC, p. 397)

 

  1. 1935: El icono de Cristo misericordioso

 

El 19 de abril de 1935, Viernes Santo, la religiosa oyó de nuevo las palabras de Jesús: Deseo que esta imagen sea honrada públicamente.

 

Todavía antes de Pascua, dijo al abad Sopocko que Jesús estaba enfadado contra él y exigía que instalara el cuadro durante tres días en la puerta de la Aurora para cerrar la celebración del jubileo de los 1900 años de la Redención. El final de las celebraciones caía el primer domingo después de Pascua. Perplejo, su nuevo confesor se preguntaba cómo satisfacer a la hermana Faustina, cuando uno de sus confratres le pidió predicar el triduo de las celebraciones finales del jubileo en Vilna. Aceptó a condición de que el cuadro de Jesús misericordioso fuera instalado, como decoración, en la puerta de la Aurora (EKC, p. 252).

 

El icono de Cristo misericordioso fue por tanto colocado al lado del icono tutelar y multisecular de la Virgen María, en el lugar más cargado de piedad mariana y nacional de Polonia, después de Czestochowa. Este icono de la Virgen María restaurado en 1927 había sido también coronado bajo el título de Madre de la Misericordia, y los catorce mil exvotos proclamaban que Nuestra Señora merecía bien este título.

 

Durante el triduo, el abad Sopocko, él, no tiene ojos más que para su cuadro. La madre Borgia recuerda que entre los peregrinos unos sacudían la cabeza, otros alzaban los hombros sin comprender el tema del cuadro, otros todavía admiraban los rayos dobles blancos y rojos [colores nacionales de Polonia] saliendo no del corazón [que no estaba representado], sino de la túnica abierta.

 

En junio de 1935, el sacerdote se toma la libertad de exponer el cuadro en un pasillo del convento de las Bernardinas. El 15 de diciembre de 1935, la hermana Faustina recibe de su Voz este mensaje: Di a tu confesor que esta imagen debe ser expuesta en la iglesia, y no en la clausura de este convento. (Diario, 570)

 

El abad Sopocko no había pedido ninguna autorización al arzobispo Jalbrzykowski porque temía su negativa. No obstante, en marzo de 1936, es decir casi un año después de la exposición del cuadro en la puerta de la Aurora sin el permiso del arzobispo, tomó temporalmente el cuadro en la iglesia de San Miguel. El abad Antoni Mruk le reprochó haberlo expuesto así a la veneración pública sin haber solicitado permiso (EKC, p. 251 y 257).

 

  1. El Diario huele a herejía

 

El abad Sopocko retenía largo tiempo a su dirigida en el confesonario, lo que contrariaba a las otras religiosas cuyo tiempo estaba contado a causa de su empleo. Veían salir a la hermana Faustina con un rostro dulce que irritaba tanto más cuanto que ésta tardaba después en volver al lugar del trabajo para ayudar a sus hermanas…

 

Para remediar este desorden, su confesor le pidió que redactara un diario íntimo.

 

La hermana Faustina se puso a ello, pensando que sería publicado después de su muerte, lo precisó en una hoja deslizada en el interior de sus cuadernos.

 

La religiosa utilizaba todos sus tiempos libres para esta redacción, y tomaba incluso a menudo de su tiempo de trabajo. Esta redacción necesitaba también frecuentes entrevistas con el abad Sopocko, lo que la retrasaba de nuevo en su trabajo. Las otras religiosas se asombraban de ello y la llamaban la castellana, la princesa. Ésta pretendía que Jesús mismo la empujaba a escribir y que hojeaba su Diario para verificar lo que había redactado. La llamaba secretaria de la Misericordia de Dios. (EKC, p. 229)

 

En su primera redacción, pasaba a menudo, en el interior de una misma frase, de sus propias palabras a las de sus visiones. De ahí que fuera difícil saber quién hablaba. ¿Era la religiosa quien exponía sus propios pensamientos o los de su director espiritual? ¿Eran palabras de sus visiones? Pero ¿lo sabía ella misma? Además, la primera transcripción, enviada a Roma en 1950-1952, era incompleta: se habían omitido palabras y párrafos del manuscrito.

 

Posteriormente, el padre Jerzy Mrowczynski, vicepromotor de la fe en su proceso informativo de beatificación, supervisó la publicación de la integridad del manuscrito en una edición crítica que comprende nada menos que novecientas notas.

 

Los documentos originales y nuevos, de los que se habla en la Notificación del 15 de abril de 1978, están esencialmente constituidos por testimonios recogidos para su proceso de beatificación. Sus únicos escritos son sus cartas, no muy numerosas, y sus seis cuadernos manuscritos del Diario. Este relato autobiográfico, proseguido después bajo la forma de un diario, es el documento capital para conocer a la hermana Faustina y sus experiencias espirituales.

 

En la introducción a su edición crítica, fechada el 7 de mayo de 1973, el padre Mrowczynski explica que ciertas frases de la hermana son oscuras, incomprensibles. A veces, eso huele a herejía; al menos si no se acompañan estas frases de comentarios (ed. Jules Hovine, 1985, p. 15).

 

Esta constación habría debido provocar el aplazamiento definitivo de la instrucción de su proceso de beatificación, al menos si se seguían todavía las reglas tradicionales: No es necesario, para detener para siempre una causa de canonización, que las obras del siervo de Dios contengan errores formales contra el dogma o la moral. Basta con que se encuentren en ellas novedades sospechosas, cuestiones frívolas, o bien alguna opinión singular opuesta a la enseñanza de los Padres y al sentir común de los fieles para que el avance de la causa sea definitivamente detenido. (Diccionario de teología católica, artículo Canonización, col. 1644)

 

Nos hace falta ahora examinar por qué razones estas revelaciones no son conformes a la fe católica, a fin de conocer el Espíritu que inspiraba a la hermana Faustina. Porque nada que venga de Dios podría contradecir las verdades católicas, ni siquiera, nos dice san Pablo, un ángel venido del Cielo: Si nosotros mismos, si un ángel venido del Cielo os anunciara un Evangelio diferente del que os hemos predicado, ¡sea anatema! (Ga 1, 8) Todos los doctores místicos lo han dicho, basta que un solo punto de la doctrina católica sea contradicho para que se pueda afirmar que quien habla no es un enviado de Dios.

 

Citemos las advertencias de santa Teresa de Ávila: No considero verdadera una revelación más que en la medida en que no es contraria a la santa Escritura y a las leyes de la Iglesia que estamos obligados a seguir… Si una revelación se apartara de ellas por poco que fuera, vería en ella una trampa del demonio. Esta sola marca desvela tan bien las astucias del Espíritu malo que el mundo entero asegurara que es el Espíritu de Dios, yo no lo creería. (Vida escrita por ella misma, capítulos 25 y 32)

 

Esta trampa del demonio aparece claramente con todas sus funestas consecuencias si comparamos las revelaciones de la hermana Faustina a las de Paray-le-Monial y de Fátima, cuya perfecta ortodoxia no está ya por demostrar.

 

  1. Contrahechura del mensaje de Fátima

 

Las revelaciones del Sagrado Corazón en el siglo XVII a santa Margarita María desvelaron el gran designio divino de misericordia para nuestros tiempos modernos.

 

El abad de Nantes, nuestro Padre, escribe: Desde 1673, hace más de trescientos años, fecha de la primera aparición del Sagrado Corazón en Paray-le-Monial, se nos revela que la alianza de Dios con su pueblo debe tomar como una forma nueva, un rostro nuevo. Y ello para tocar e inflamar las almas en este mundo enfriado por el humanismo del Renacimiento y toda la inmoralidad y el escepticismo que de él han salido, por el calvinismo y todo el resecamiento y el agotamiento de la vida mística que ha provocado.

 

Es como una alianza renovada, concertada con el mundo moderno. Pero como las otras alianzas, la del Sinaí, la del Calvario, esta misma y eterna alianza es condicional. Jesús nos dice su amor y nos promete sus efectos: éstos serán tanto más maravillosos y abundantes cuanto mayor es su amor.

 

Pero se nos pide, a cambio, como una condición bien tenue pero necesaria y suficiente, que le dirijamos un culto que él nos fija y determina a su voluntad. Quiere en señal de nuestro amor un culto público a su Sagrado Corazón.

 

Estas señales de sumisión, visibles, públicas, a su buen placer, serán por su gracia y según su promesa, las señales eficaces de la salvación milagrosa que quiere dar al mundo.

 

Ciertamente, la devoción absolutamente desinteresada de los místicos es magnífica, pero el Divino Corazón de Jesús busca suscitar, en su misericordia, la devoción del necesitado, del pecador endurecido, del hijo pródigo: En su angustia, me buscarán, oráculo de Yahvé en el libro de Oseas (5, 15). (CRC n.º 75, diciembre de 1973, p. 4-5)

 

  1. El Corazón Inmaculado de María fuente del agua viva de la misericordia

 

En el siglo XX, las revelaciones de Fátima tomaron el relevo de las de Paray-le-Monial. El cardenal Cerejeira, patriarca de Lisboa, lo había comprendido perfectamente: Se puede resumir el mensaje de Fátima en estos términos: es la revelación del Corazón Inmaculado al mundo actual. Fátima será para el culto del Corazón Inmaculado de María lo que fue Paray-le-Monial para el culto del Corazón de Jesús. Fátima, de cierta manera, es la continuación o, mejor, la conclusión de Paray-le-Monial: Fátima reúne estos dos Corazones que Dios mismo ha unido en la obra divina de la redención. Nuestro Padre, el abad de Nantes, ha hecho la demostración histórica y teológica de ello en el retiro que nos predicó sobre el mensaje de Paray-le-Monial.

 

Hoy, las revelaciones de Fátima lo prolongan desvelándonos el designio divino de glorificación del Corazón Inmaculado de María para la salvación del mundo.

 

Ahora bien, es manifiesto que las revelaciones de la hermana Faustina nos alejan considerablemente de Fátima, descartando resueltamente el recurso a la todopoderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María. Ciertamente, la religiosa polaca se decía animada de una devoción cuando menos excepcional respecto de la Virgen María. Confió un día a la hermana Christophora: ¡Hay que ser orgullosa para pensar que nadie ama a la Santísima Virgen tanto como yo! (Maria Winowska, El icono de Cristo misericordioso, ed. Saint-Paul, 1973, p. 270-271)

 

Se encuentra incluso en sus escritos la mención del Corazón Inmaculado: Vivo bajo el manto virginal de la Madre de Dios, es ella quien me instruye y me guarda. No me siento a cubierto más que sobre su Corazón Inmaculado, porque soy débil e ignorante. Acurrucada en sus brazos, no temo nada. Mi alma exulta en tu dulzura y tu silencio [?], ¡oh María! (ibid.) Pero no se trata del Corazón Inmaculado de María tal como se ha revelado en Fátima, Pontevedra y Tuy, rodeado de espinas y fuente de la misericordia: Este Corazón Inmaculado, decía Jesús a la hermana Lucía, es la fuente inagotable que hace brotar sobre la tierra el agua viva de mi Misericordia. (1943)

 

Las visiones de la religiosa polaca constituyen, no un recuerdo, una continuación y un desarrollo del mensaje de Fátima, sino una contradicción absoluta de su gran Secreto del 13 de julio de 1917.

 

Mientras que por su devoción mariana Polonia estaba predispuesta a responder a las demandas de Nuestra Señora, la hermana Faustina operó una desafortunada diversión, precisamente en los años en que las profecías de Fátima comenzaban a realizarse y en que su extraordinario mensaje tomaba su dimensión mundial.

 

  1. En los abismos del infierno

 

En octubre de 1936, es decir muy tardíamente, cuando todo su mensaje está por así decir formulado, la hermana Faustina habría visitado el infierno: Fue transferida allí por un breve momento: Yo, hermana Faustina, por orden de Dios, he penetrado en los abismos del infierno, para hablar de él a las almas y testimoniar que el infierno existe. No puedo hablar de ello ahora. Tengo la orden de Dios de dejarlo por escrito, afirmaba en tono ceremonioso. (EKC, p. 299) He aquí lo que escribe con una grandilocuencia glacial: Es un lugar de grandes tormentos. Y su extensión es terriblemente grande. Géneros de sufrimientos que he visto:

 

El primer sufrimiento que constituye el infierno es la pérdida de Dios.

 

El segundo: los perpetuos remordimientos de conciencia.

 

El tercero: la suerte de los condenados no cambiará jamás.

 

El cuarto: es el fuego que penetrará el alma sin destruirla. Es un terrible sufrimiento, porque es un fuego puramente espiritual, encendido por la cólera de Dios.

 

El quinto sufrimiento, son las tinieblas continuas, un olor terrible, sofocante. Y, a pesar de las tinieblas, los demonios y las almas condenadas se ven mutuamente y ven todo el mal de los otros y el suyo.

 

El sexto sufrimiento, es la continua compañía de Satanás.

 

El séptimo sufrimiento: una terrible desesperación, el odio de Dios, las maldiciones, las blasfemias.

 

Tal lista no tiene nada que ver con las descripciones impresionantes de videntes auténticos que testimoniaban de lo que habían visto y oído, como el beato padre Hoyos, santa Teresa de Ávila, la hermana Lucía.

 

La hermana Faustina parece repetir lo que ha aprendido por sus lecturas y oído en las predicaciones.

 

Prosigue: Escribo esto por orden de Dios para que ninguna alma pueda excusarse diciendo que no hay infierno, o que nadie ha estado allí y no sabe cómo es. Concluye: Rezo todavía más ardientemente por la conversión de los pecadores. Sin cesar invoco la misericordia divina sobre ellos. (Diario, 740)

 

En Fátima, la visión del infierno es capital, primera. Procede del Corazón de nuestro Dios desolado de ver a las almas precipitarse en él y para impedirles, según su Voluntad de buen placer revelada por Nuestra Señora: Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado. (13 de julio de 1917)

 

No olvidemos que esta revelación ha sido preparada desde hace mucho tiempo. Desde el siglo XIII, Nuestra Señora del Carmen ligaba una maravillosa promesa al porte del escapulario de la Orden: Quienquiera que muera revestido de este hábito será salvado. Era ya decir que el mejor camino para ganar el Cielo es llevar una vida cristiana en una total consagración a María.

 

  1. Rosario contra rosario

 

La hermana Faustina recibe de su espíritu, el 13 de septiembre de 1935, visión y revelación de otro medio para salvar las almas. Es tan vertiginoso que no se puede inventar. Es una parodia del tercer secreto de Fátima donde ella ocupa, ella y su rosario de la misericordia, el lugar de la Santísima Virgen en Persona: Por la tarde, cuando estaba en mi celda, vi a un Ángel, el ejecutor de la cólera de Dios. Estaba en túnica clara, el rostro radiante, una nube bajo los pies, de esta nube salían el rayo y los relámpagos que lanzaba de su mano sobre la tierra.

 

Cuando vi la señal de la cólera de Dios que debía herir la tierra, y sobre todo un cierto lugar, que evidentemente no puedo nombrar, comencé a rogar al Ángel para que se detuviera algunos instantes, diciéndole que el mundo iba a hacer penitencia. Pero mi oración no era nada ante la cólera de Dios.

 

En aquel momento, percibí a la Santísima Trinidad. La grandeza de su Majestad me penetró hasta el fondo del alma y ya no osaba repetir mis súplicas.

 

Al mismo instante, sentí en mi alma la fuerza de la gracia de Jesús que habita en mi alma. ¡Oh! qué grande es nuestro Señor y nuestro Dios. ¡Inconcebible es su Santidad!

 

Comencé a suplicar a Dios por el mundo, con palabras oídas interiormente. Entonces, mientras rezaba así, vi la impotencia del Ángel que no podía cumplir el justo castigo que corresponde de pleno derecho a los pecados. Nunca había rezado todavía con tanta fuerza interior.

 

He aquí las palabras con las que suplicaba a Dios: Padre Eterno, os ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de vuestro dulcísimo Hijo Nuestro Señor Jesucristo, por nuestros pecados y los del mundo entero. Por su dolorosa Pasión, sednos misericordiosos.

 

Al día siguiente, al entrar en la capilla, oí interiormente estas palabras: Cada vez que entres en la capilla, recita enseguida la oración que te enseñé ayer.

 

Cuando recité esta oración, oí: Esta oración debe aplacar Mi cólera. La recitarás durante nueve días, sobre un rosario, de la manera siguiente: primero dirás un Padre nuestro, un Ave María y el Credo. Luego sobre los granos del Padre nuestro, dirás las palabras siguientes: Padre Eterno, os ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de vuestro Hijo bienamado, Nuestro Señor Jesucristo, para implorar de vos el perdón de nuestros pecados y los del mundo entero.

 

Sobre los granos del Ave María, dirás: Por su dolorosa Pasión, tened piedad de nosotros y del mundo entero.

 

Al final recitarás tres veces estas palabras: Dios Santo, Dios Fuerte, Dios Inmortal, tened piedad de nosotros y del mundo entero. (Diario, 474-476)

 

El rosario de la hermana Faustina no contiene más que un solo Ave María. Es sin embargo a Ella, la Inmaculada, a quien Dios ha confiado, según la hermosa palabra del padre Kolbe, todo el orden de la Misericordia. Por eso, en todas sus apariciones, Nuestra Señora de Fátima pidió la recitación cotidiana del rosario que exalta más de cincuenta veces el misterio de elección de la Virgen María, llena de gracia; Dios está con ella, y más de cincuenta veces el fiel se reconoce pecador y hace humildemente llamamiento a Ella, la Madre de Dios, nuestra Madre, para que nos socorra, sobre todo a la hora de nuestra muerte.

 

Ciertamente, las revelaciones de Fátima no eran conocidas en Polonia en los años treinta, pero el Espíritu Santo estaba obrando en las órdenes religiosas y en las almas santas. Sin conocer la voluntad de buen placer de Dios que era y es siempre establecer en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado de María, trabajaban activamente en ello, como los setecientos religiosos de san Maximiliano María Kolbe.

 

  1. Misericordia sin gracia

 

El 12 de diciembre de 1936, por primera vez, la hermana Faustina dijo el rosario de la misericordia cerca de una moribunda: Me arrodillé cerca de la agonizante y comencé con todo el ardor de mi espíritu a decir este rosario. De repente la moribunda abrió los ojos, me miró y no tuve tiempo de terminar el rosario que estaba muerta en una extraña paz. Rogué ardientemente al Señor que mantuviera su promesa que me había hecho para la recitación de este rosario. El Señor me hizo conocer que esta alma había recibido la gracia que el Señor me había prometido. Esta alma era la primera que había obtenido la promesa del Señor. Sentía cómo la fuerza de la misericordia rodeaba esta alma. (Diario, 810)

 

¿Ha recibido esta agonizante los últimos sacramentos? La hermana Faustina no dice nada a este respecto, no se trata de ello.

 

Prosigue: Al entrar en mi soledad, oí estas palabras: A la hora de su muerte, defiendo como mi propia gloria a cada alma que recita este rosario ella misma, o bien si otros lo recitan cerca del agonizante – la indulgencia es la misma. Cuando se recita este rosario cerca del agonizante, la cólera divina se aplaca, la misericordia insondable se apodera de su alma, las entrañas de mi misericordia son conmovidas por la dolorosa pasión de mi Hijo. (Diario, 811)

 

Es automático, poco importa si el agonizante manifiesta o no un arrepentimiento, una voluntad de confesarse. El solo enunciado de las palabras de la oración opera a la manera de la fórmula sacramental de la absolución, ex opere operato, y obtiene la salvación eterna del alma.

 

Esta pretendida misericordia cubre al pecador con un manto que le hace encontrar gracia a los ojos del Señor, sin contrición ni arrepentimiento de su parte, e incluso sin la menor conciencia. Tal es el nuevo Evangelio, quietista, de la hermana Faustina, más liberal que el del Corazón de Jesús, que ya no hace diferencia entre el publicano y el fariseo.

 

Es toda la diferencia con la demanda de Nuestra Señora en Pontevedra. Y es la cuestión crucial…

 

En el mismo momento, en estos años en que Juan Pablo II prepara la beatificación de la hermana Faustina (1993), nuestro Padre se hacía el apóstol de la comunión reparadora de los cinco primeros sábados de mes, para satisfacer las peticiones de Nuestra Señora en Pontevedra. Esta devoción es radicalmente diferente de las prácticas de la hermana Faustina, puesto que se apoya en la práctica de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía.

 

  1. Reprobada por el Santo Oficio

 

Es este nuevo Evangelio el que rechazaron los teólogos del Santo Oficio, en Roma, durante el examen de sus escritos y demandas: En los años 1950, los relatores [sic] del Santo Oficio contestaban ante todo el hecho de que el culto del cuadro de Jesús misericordioso, así como la fiesta de la divina misericordia y el rosario a la divina misericordia recibían aparentemente en las revelaciones de la hermana Faustina un poder autónomo ilimitado. Como si bastara venerar el cuadro y propagar su culto para poder obtener la vida eterna. (EKC, p. 379)

 

Tal práctica no es conforme a la enseñanza de la Iglesia, y por tanto incurre en una condenación doctrinal en 1958. La sentencia de los jueces romanos es clara: las revelaciones de la hermana Faustina no son sobrenaturales. El sentido obvio de las palabras de la Visión conduce a conceder la Misericordia divina a los fieles no por el medio de la Iglesia católica y jerárquica, su predicación, sus sacramentos y su gobierno de las almas, sino por el culto de la Misericordia, según las prácticas de la hermana Faustina, es decir por prácticas devocionales abusivas, como escribió el Santo Oficio al cardenal primado Wyszynski el 19 de noviembre de 1958 (Diccionario de espiritualidad, t. 7, col. 1774).

 

He aquí una de las palabras de la Visión que debe ser reprobada y proscrita porque deja entender que ni la contrición, ni la absolución sacramental dignamente recibida, ni la conversión, ni la penitencia son necesarias para ser salvado: Incluso el pecador más endurecido, si recita este rosario una sola vez, obtendrá la gracia de mi infinita misericordia. (Diario, 687)

 

Y si el pecador está tan endurecido que muere sin ningún signo de arrepentimiento? Según la hermana Faustina, recibirá gracias equivalentes a las que le habrían dado los últimos sacramentos. Es como si, antes de morir, hubiera recibido los sacramentos de la Iglesia… ¡mientras que no los ha recibido! La teología de la hermana Faustina es un poco corta, como decía el Santo Oficio al cardenal Wyszynski. Es lo menos que se puede decir puesto que, con sus prácticas, el estado de gracia ya no cuenta. No es necesario conservarlo o recuperarlo para ser salvado.

 

Explica por otra parte: La misericordia divina alcanza más de una vez al pecador en el último momento, de una manera extraña y misteriosa. Exteriormente, es como si todo estuviera perdido, pero no es así; el alma iluminada por un poderoso rayo de la gracia suprema, se vuelve hacia Dios con tal potencia de amor, que en un instante recibe de Dios el perdón de sus faltas y de su castigo, y exteriormente no nos da ningún signo de arrepentimiento o de contrición, porque ya no reacciona a las cosas exteriores. No sólo el alma no se vuelve hacia Dios para implorar misericordia, puesto que le impone su potencia de amor, sino que puede también imponerle lo contrario: una sentencia de condenación. Es ella quien decide: A veces hay en las almas tal endurecimiento que eligen conscientemente el infierno. (Diario, 1698)

 

Tal afirmación conduce a un error hoy muy extendido. En efecto, según la doctrina católica, no es el alma pecadora la que elige conscientemente el infierno, sino el Dios tres veces Santo quien, en la plenitud de su Santidad de justicia, condena al infierno eterno al pecador impenitente.

 

El abad de Nantes ha discernido esta herejía en el Catecismo de la Iglesia Católica, y la ha reprobado bajo la forma de un anatema que da su definición: Si alguien dice que nadie puede ser objeto de una sentencia de condenación al infierno eterno, sino que solo el rebelde se encuentra herido por ella por su propia decisión de autoexclusión de la que Dios respeta la libertad, ¡sea anatema! (CRC n.º 291, abril de 1993, p. 18)

 

  1. Fiesta de la Misericordia para obtener la paz

 

En 1934, la hermana Faustina oye estas palabras dirigidas al abad Sopocko: Pide a mi fiel servidor que proclame en este día (1.er domingo después de Pascua) mi gran misericordia al mundo entero. Quien se acerque en este día a la Fuente de la Vida obtendrá una total remisión de sus pecados y de sus castigos. Estos últimos incluyendo la guerra causada por los errores de Rusia que sumen a España en el caos en 1934, según el gran secreto de Fátima, que establecía el Corazón Inmaculado de María ministro de la Misericordia. Aquí, nada de eso: La humanidad no encontrará la PAZ mientras no se vuelva con confianza hacia mi misericordia. (Diario, 300)

 

¿Qué es esta Fuente de la Vida de la que hay que acercarse para obtener las mismas gracias que una absolución sacramental con, además, una indulgencia plenaria? Para intentar hacer católica tal revelación, Ewa K. C. identifica esta Fuente de la Vida a la confesión y a la comunión eucarística (EKC, p. 171).

 

Dos años más tarde, en el relato de otra revelación (Diario, 699), se encontrará la mención de la confesión y de la comunión, pero con una confusión entre por una parte el perdón de los pecados y, por otra parte, la remisión de las penas que se ganan aquí abajo por las indulgencias. Como si la absolución sacramental nos obtuviera una y otra.

 

En estos dos textos, la necesidad de pagar por sus faltas, de expiar y de reparar, está totalmente ocultada.

 

Según la hermana Faustina, la paz del mundo está directamente ligada a la Misericordia, el más grande atributo de Dios. Para obtener esta paz, basta que la humanidad se vuelva con confianza hacia esta misericordia. En Fátima, en 1917, durante apariciones cuya autenticidad está atestiguada por el mayor milagro cósmico de la historia universal, Dios ha prometido conceder la paz al mundo por mediación del Corazón Inmaculado de María. Ciertamente, ha puesto allí una condición sine qua non: la devoción al Corazón Inmaculado de María. No basta volverse hacia un atributo de Dios, hay que obedecer. La obediencia del Santo Padre a dos demandas, la aprobación de la comunión reparadora de los cinco primeros sábados de mes, y la consagración colegial de Rusia al Corazón Inmaculado de María, debe glorificar para siempre este Corazón Inmaculado y conceder al mundo un cierto tiempo de paz.

 

  1. La misericordia en la Iglesia nadie la conoce

 

El abad Sopocko tenía todavía y siempre dudas en cuanto a las órdenes de Jesús dadas a Faustina. Le dijo a la hermana que la fiesta en honor de la misericordia existía ya. Se celebraba el segundo domingo después de Pentecostés y había sido proclamada por el papa Pío IX en 1855. Por eso, el 5 de noviembre de 1934, la hermana Faustina preguntó a su Visión para qué crear una fiesta que existía ya.

 

Respuesta: ¿Quién la conoce? – Nadie. Y incluso los que deben proclamar e instruir a la gente sobre esta misericordia, a menudo, no la conocen ellos mismos; por eso deseo que esta imagen sea solemnemente bendecida, el primer domingo después de Pascua, y que reciba los honores públicos, a fin de que cada alma pueda conocerla. (Diario, 341)

 

¿Era hasta ese punto una verdad olvidada? ¿Olvidada en Polonia por el santo hermano Alberto? ¿Por san Maximiliano María Kolbe? ¿Olvidada por todas las religiosas de esta admirable congregación de las hermanas de la Divina Madre de la Misericordia, que la practicaban día y noche? Si esta Misericordia ha sido olvidada por santa Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz, esta gran enamorada del Amor misericordioso, ¿es entonces que la Iglesia nunca la ha conocido? ¡Es precisamente lo que la Visión se ha atrevido a decir!

 

  1. Plagio de la hermana Benigna

 

¿Olvidada por la Iglesia que no habría hecho por tanto ningún caso de santa Margarita María y de las revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús; ni de la visitandina italiana hermana Benigna Consolata Ferrero (1885-1916) cuyo mensaje prolonga el de Paray-le-Monial.

 

Jesús decía a la hermana Benigna: La beata Margarita María tenía la misión de hacer conocer mi Corazón; tú tienes la de hacer conocer la Misericordia de mi Corazón, su amabilidad, su ternura. Recoge preciosa y cuidadosamente las revelaciones íntimas de las que te hago partícipe. Mi voluntad es que escribas.

 

Benigna, pequeña secretaria de mi amor por mis criaturas, tú escribirás, los otros publicarán tus escritos. A ti gustar el don de Dios en el silencio; a los otros propagar estas páginas para la gloria de Dios. A ti la felicidad de reposar sobre el Corazón de tu Jesús mientras te habla; a los otros distribuir estos tesoros.

 

¿La hermana Benigna olvidada en la Iglesia? ¿Ignorada de la hermana Faustina? ¡Ciertamente no! puesto que la religiosa polaca leía y releía su biografía: era, según su superiora, su lectura predilecta. Y cuando escribe en su Diario que Jesús la llama su secretaria: secretaria de la Misericordia, se puede sospechar el plagio.

 

Las revelaciones de la hermana Faustina nos parecen en parte una reanudación, más precisamente un atenuamiento y una deformación de las de la hermana Benigna.

 

La religiosa polaca se ha atribuido una misión comparable a la de la visitandina italiana, con una amplificación y una sobrepuja por la multiplicidad de las apariciones, de los carismas proféticos, de los fenómenos místicos extraordinarios…

 

A diferencia de la hermana Faustina, en la hermana Benigna, como en todos los santos, el Amor misericordioso de Dios no puede producir sus frutos sin que sus hijos pecadores, degradados, hagan muestra de un arrepentimiento incluso muy imperfecto, incluso mínimo… Por ejemplo, Pranzini abrazando el crucifijo antes de subir al cadalso: primer hijo, primer salvado de la pequeña Teresa.

 

En resumen, las visiones de la hermana Faustina no se acuerdan con la verdad divina enseñada por la Iglesia.

 

Además, las fuentes de sus pretendidas revelaciones mezclan plagios, fabulaciones, ilusiones diabólicas, y conducen a desviarnos de las auténticas revelaciones divinas.

 

  1. Polonia suplanta a Rusia

 

La Misericordia no estaba olvidada en la Iglesia gracias a la Virgen María y a sus muy misericordiosas apariciones fundadoras, protectoras de nuestras cristiandades, y a las, grandiosas, en el peligro de los últimos tiempos anunciados por el Apocalipsis, desde la rue du Bac (1830), Lourdes donde revela su Nombre: YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN (25 de marzo de 1858), hasta Pontmain (1871), Fátima (1917) y sus prolongaciones de Pontevedra (1925) y de Tuy.

 

La teofanía trinitaria de Tuy, del 13 de junio de 1929, fue, decía nuestro Padre, un acontecimiento prodigioso, maravilla de la que no se encuentra semejante en la historia de la Iglesia, desde la visión de san Pablo en el camino de Damasco. Todo el misterio de la caridad eucarística y mariana circumincesante se encuentra allí revelado, según el cual la gracia y la misericordia deben derramarse en el mundo entero por el Corazón Inmaculado de María. En efecto, bajo el brazo izquierdo de la Cruz, se encontraban grandes letras, como de un agua cristalina que hubiera fluído sobre el altar, formando estas palabras: GRACIA Y MISERICORDIA. Mientras que bajo el brazo derecho de la Cruz, se encontraba Nuestra Señora, con su Corazón Inmaculado en la mano, sin espada ni rosas, pero con una corona de espinas y llamas. La Gracia es a la vez la fuente de un don en Dios y el efecto de este don en Aquella que lo recibe, llena de gracia (Lc 1, 28). La Gracia, es la belleza y la gratuidad. En la raíz de estas dos realidades atrayentes que designa la misma palabra misteriosa, encontramos el don de Dios. (Georges de Nantes, CRC n.º 123, noviembre de 1977, p. 12)

 

Así, la Inmaculada Concepción ofrece su Corazón Inmaculado de Esposa del divino Crucificado, Corredentora y reparadora de la humanidad caída (san Pío X), Corazón de la Madre de Dios, Mediadora de la Gracia y dispensadora universal de la Misericordia sobre toda la humanidad redimida en el Calvario.

 

La liturgia celebrada en honor de su Corazón Inmaculado nos invita instantáneamente a recurrir a su mediación: Acerquémonos con confianza al Trono de la Gracia, para obtener Misericordia y hallar Gracia, para el socorro que necesitamos.

 

Durante la teofanía de Tuy, Nuestra Señora advertía a su mensajera que el momento había llegado en que Dios pedía al Santo Padre que cumpliera la consagración colegial de Rusia a su Corazón Inmaculado, prometiendo salvarla por este medio. Porque Dios está dispuesto a usar de misericordia hacia la pobre Rusia. Rusia es por tanto la nación privilegiada, objeto de las complacencias del Corazón de Dios, por Gracia. Al convertirse, tendrá un papel decisivo en la realización del gran designio divino de Misericordia para nuestro tiempo.

 

Ahora bien la hermana Faustina lo ignora. ¡Peor! su Visión toma el contrapíe. El 16 de diciembre de 1936, la religiosa polaca escribe: He ofrecido este día por Rusia, he ofrecido por este pobre país todos mis sufrimientos y mis oraciones. Después de la santa Comunión, Jesús me dijo: ¡Ya no puedo tolerar este país, no me ates las manos, hija mía! El Espíritu que la inspira sustituye a Rusia por Polonia. La Visión le dice: Amo particularmente a Polonia, y si obedece a mi voluntad, la elevaría en potencia y en santidad. De ella saldrá la chispa que preparará el mundo para mi última venida. (Diario, 1731)

 

Una chispa ha brotado bien de Polonia en 1938, pero ha prendido fuego al mundo.

 

Una chispa ha brotado bien de Polonia en 1978, con la elección de Juan Pablo II al trono de Pedro, pero su pontificado ha sido, después del de Pablo VI, el más catastrófico de toda la historia de la Iglesia.

 

  1. Faustina suplanta a la Inmaculada

 

Más aún que Polonia, es ella misma, la hermana Faustina, quien prepara la última venida de Cristo. En efecto, aplica a su propia persona las profecías de san Luis María Grignion de Montfort concernientes a la Inmaculada Madre de Dios (Tratado de la verdadera devoción, n.os 49-50). ¡Sí, la hermana toma el lugar de la Inmaculada! Se convierte en nada menos que la Mujer bendita entre todas las mujeres. Leed más bien: Vi al Señor Jesús en gran Majestad… Una fuerza se apoderó de mi alma, un fuego extraño se encendió en mi corazón y entré en una especie de agonía por Él. De repente, oí estas palabras:

 

Con ninguna alma me uno tan estrechamente como con la tuya y ello en razón de tu profunda humildad (sic) y del ardiente amor que tienes por mí. (Diario, 587)

 

Prepararás el mundo para Mi última venida. (Diario, 429)

 

La Visión declara a la religiosa Mediadora: Deseo que tu corazón sea la morada de mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre el mundo entero por tu corazón. (Diario, 1777)

 

Y la hermana responde: Oh Dios mío, soy consciente de mi misión en la Santa Iglesia. Mi incesante esfuerzo debe ser la oración para obtener la misericordia para el mundo. Me uno estrechamente a Jesús y me mantengo ante Él, como una ofrenda suplicante por el mundo. Dios no me rehusará nada si le suplico por la Voz de su Hijo. (Diario, 482)

 

¡Y no por la intercesión de María Mediadora!

 

  1. La hermana Faustina garante de Karol Wojtyla

 

Durante su retiro que comienza el 1 de agosto de 1937, la Visión dicta a la religiosa la oración que debe ser dicha cada día, del Viernes Santo al primer domingo después de Pascua, fiesta de la misericordia.

 

La novena se realiza según el ordenamiento siguiente: una palabra de Jesús le significa qué categoría de almas debe beneficiarse ese día de la Misericordia. La hermana Faustina debe sumergirlas en la Misericordia. Esta palabra es seguida de una oración, de un pequeño poema, luego finalmente de otra corta oración de la hermana.

 

Deseo que durante estos nueve días, conduzcas las almas a la fuente [?] de Mi Misericordia, a fin de que saquen fuerza y alivio, así como todas las gracias de que tienen necesidad en las dificultades de la vida y particularmente a la hora de la muerte.

 

Cada día conducirás hasta Mi Corazón un nuevo grupo de almas y las sumergirás en la inmensidad de Mi Misericordia. Y yo, las conduciré a todas a la casa de mi Padre. Harás esto en esta vida y en la otra.

 

Las revelaciones de la hermana Faustina aportan por tanto una caución pretendidamente mística a la gnosis irénica de Juan Pablo II. Ésta tiene por fundamento su iluminación capital inscrita en todas letras en la Constitución del Vaticano II Gaudium et spes (22, 2), y que ha repetido en sus encíclicas acentuándola más: Por su encarnación, el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre. (22, 2) Según esta gnosis, existe una realidad divina en obra en el hombre, en todo hombre, que no está ligada, como se pensaba antaño, al Bautismo o a la Eucaristía ni a ningún otro sacramento, fuente de la Gracia, sino que resulta directamente, ipso facto, es decir de una manera mecánica, solo mecano (Autodafé, p. 372), del hecho de la Encarnación.

 

Es esta gnosis, observa el abad de Nantes, la que se insinúa hasta en el Catecismo de la Iglesia Católica, un poco lastimosamente atascada en textos firmemente católicos, y ella misma como amputada de sus más extremas audacias. (CRC n.º 291, abril de 1993, p. 11) No impide que permanezca el error de un Hijo de Dios unido a cada hombre, para siempre, a través de sus misterios, salvándolos a todos infaliblemente.

 

  1. La salvación para todos

 

Es lo que debe operar la novena, naturalmente, físicamente. La hermana Faustina debe sumergir sucesivamente en la Misericordia: 1. La humanidad entera, particularmente los pecadores; 2. Las almas sacerdotales y religiosas; 3. Las almas piadosas y fieles; 4. Los paganos y los que no me conocen todavía; 5. Los herejes y los apóstatas; 6. Las almas dulces y humildes, así como las de los pequeños niños; 7. Las almas que veneran y glorifican particularmente Mi Misericordia. Estas almas brillarán con un esplendor particular en la vida futura. Ninguna irá al infierno. 8. Las almas que están en el Purgatorio; 9. Las almas indiferentes y frías.

 

Para estas almas, por tanto para todas las almas, no es solamente la salvación eterna la que es prometida, sino también el seguro cumplimiento de sus oraciones y deseos: No rehusaré nada a toda alma que conduzcas a la fuente [?] de Mi Misericordia. Y cada día implorarás a mi Padre, en nombre de Mi dolorosa Pasión, que te conceda gracias para estas almas.

 

En la encíclica Dives in misericordia, Juan Pablo II hizo la apología de esta misericordia universal, automática, sin condición ni contrapartida. Recordó ocho veces esta palabra de la Santísima Virgen: Su misericordia se extiende de edad en edad… (Lc 1, 50), pero omitió seis veces la precisión sobre los beneficiarios: sobre los que le temen. Además, en los dos pasajes donde esta restricción es mencionada, fue sin comillas, como fuera de la cita evangélica, extraña a la palabra de Dios por consiguiente.

 

Para ser aceptada de nuestra generación modelada por la mentalidad marxista hija de la de las Luces, la misericordia dada por Cristo debe, según Juan Pablo II, aparecer sin condición, no imponer nada al hombre y sobre todo no un humillante sentimiento de culpabilidad. La nueva misión asignada a la Iglesia consiste en testimoniar de la Misericordia divina a nuestra generación apóstata, sin exigirle ni conversión ni arrepentimiento.

 

Innovadores… Ewa K. C. ha constatado bien el carácter innovador de la misericordia según la hermana Faustina y según Juan Pablo II: En numerosas parábolas incluyendo la del Hijo pródigo, Jesús ha recordado que Dios es un buen padre que espera a los pecadores arrepentidos reconociendo su pecado y su falta. Quiere perdonarlos, y al levantarlos de su caída, devolverles la dignidad. En este contexto de la Encarnación y de la Redención, la misericordia divina estaba presente en los discursos de los concilios, del concilio de Trento, y en los de los Papas.

 

En su encíclica Dives in misericordia, publicada en 1980, Juan Pablo II ha presentado esta cuestión de una manera diferente. En este enfoque, la misericordia no se refiere a la piedad. (EKC, p. 250)

 

A la piedad de nuestro Padre Celestial por el hombre indigno y culpable que, por su pecado, ha perdido su filiación y merece su cólera, Juan Pablo II ha sustituido un derecho del pecador a la misericordia, porque en lo más profundo de sí mismo descubre una dignidad que se impone a Dios, la de ser hombre. El Hijo pródigo no había perdido en absoluto su dignidad ni sus derechos. En el capítulo 4 de Dives in misericordia, es esta dignidad humana primordial la que se impone al padre del Hijo pródigo.

 

La Misericordia no es entonces ya un amor gracioso de Dios, que el pecador no merece.

 

Con Juan Pablo II, permanecemos en el orden de la creación, por debajo de la Gracia: el hombre es hijo de Dios por nacimiento y por naturaleza, y no por adopción gratuita. La Misericordia se convierte entonces en el resultado de una doble exigencia: el hijo en tanto que hijo exige la misericordia, y el padre en tanto que padre está obligado a hacer misericordia. Dios debe la misericordia al hombre en nombre de su dignidad nativa, natural.

 

Tal era la novedad de la enseñanza de Juan Pablo II que pretendía conciliar así el pensamiento católico con el ateísmo contemporáneo, como ha demostrado el abad de Nantes (Libro de acusación contra el papa Juan Pablo II, 1983, p. 72-73).

 

La concepción de la Misericordia de la religiosa polaca se acuerda con la del Papa polaco, en su novedad: es una mecánica del perdón, como dice nuestro Padre en su comentario de Dives in misericordia. La misericordia divina es concedida incondicionalmente a nuestra generación incluso rebelde a Jesucristo y a su Santísima Madre.

 

  1. Fundadora de una nueva congregación

 

Es en junio de 1935 cuando la hermana Faustina piensa en dejar su congregación para fundar otra. Una visión la anima a ello: Vi a la Santísima Virgen, indeciblemente hermosa, venir del altar hacia mi reclinatorio. Me apretó contra Ella. Me hizo comprender que realizaba todos los deseos de Dios y que por esta razón había hallado gracia a sus ojos: Sé valiente, no temas los obstáculos ilusorios, sino fija tus miradas en la Pasión de Mi Hijo. De esta manera obtendrás la victoria. (Diario, 449)

 

El 8 de enero de 1936, la hermana Faustina se dirige al arzobispo Jalbrzykowski para hablarle de ello: El Señor Jesús exige de mí que ore para implorar la misericordia de Dios por el mundo, y que se cree una Congregación que implorara la Misericordia de Dios por el mundo.

 

El arzobispo me respondió: Si tal es la voluntad de Dios, un poco antes o un poco después, se hará. Esforzaos por obtener una unión íntima con Dios y no perdáis el valor. Estas palabras me llenaron de una gran alegría.

 

Cuando salí de casa del arzobispo, oí en mi alma estas palabras: Se te opondrán en muchas cosas. Pero mi gracia se mostrará en ti y se verá que este asunto es Mío. En cuanto a ti, no temas nada, estoy siempre contigo. (Diario, 586)

 

El domingo de Ramos de 1936, se cree favorecida de una visión profética concerniente a la nueva congregación: No sólo ha visto su desarrollo interior y exterior con exactitud y ha visto claramente que será una congregación femenina y masculina, sino que ha visto también que sería una gran reunión de personas laicas a la que todo el mundo puede participar y testimoniar por su acto de la misericordia divina, siendo misericordiosos los unos con los otros.

 

Habló de ello al abad Sopocko: No toméis estas ideas por una locura, padre mío, porque son la pura verdad que será pronto puesta en obra y aunque deba actuar yo sola, no me desanimo, porque sé que tal es la voluntad de Dios. (EKC, p. 197)

 

Durante la Semana Santa de 1936, una fuerza interior me empujaba a no diferir más este asunto [dejar la comunidad…]. Dije al padre Bukowski que no podía esperar más. El padre me respondió: Hermana mía, es una ilusión, el Señor Jesús no puede exigir eso. Habéis pronunciado vuestros votos perpetuos. Todo eso es una ilusión. Inventáis, hermana mía, es una herejía. Y gritaba casi. Pregunté si todo era ilusión, me respondió: Todo.

 

No obstante, el Jueves Santo, la Visión volvió a la carga: Di al confesor que esta obra es mía y que te empleo como miserable instrumento. (Diario, 645)

 

Sin esperar a tener la aprobación del padre Andrasz, a quien debía encontrar al día siguiente, en la fiesta del Cuerpo de Dios, la hermana Faustina tomó su decisión: Dejaría la congregación y fundaría otra.

 

El 5 de julio, escribe al abad Sopocko: Siento que la hora de Dios ha llegado ya para que me ponga a actuar. El sacerdote le responde: Según mí tal congregación debería ser fundada por el momento sin vos como congregación diocesana, y no es más que en un segundo tiempo, una vez puesta en pie tal congregación, que podríais integraros. La hermana Faustina no está de acuerdo: Estaba siempre de opinión de que el deber de fundar una nueva congregación le pertenecía a ella sola. (EKC, p. 295)

 

En noviembre de 1936, le escribe de nuevo: He recibido una luz en mi alma de que debía dar este paso irreversible sin tener en cuenta nada. Si yo misma debo participar activamente en ello, debería absolutamente liberarme no sólo de esta congregación, sino también de mis votos. (EKC, p. 296)

 

Ya se trate del arzobispo de Vilna, monseñor Jalbrzyskowski, de la superiora general, de las superioras que le fueron favorables, del padre Andrasz, e incluso del abad Sopocko, todos se oponían a su proyecto.

 

Sin embargo, según su hagiógrafo, Jesús apremiaba a la hermana Faustina a actuar: Me dijo que exige que se funde tal congregación lo antes posible – y vivirás allí con tus compañeras. Mi espíritu será la regla de vuestra vida. Por tus oraciones, serás la intermediaria entre la tierra y el Cielo. (EKC, p. 269)

 

El 4 de mayo de 1937, la madre Moraczewska, superiora general, cede a sus instancias, diciéndole: Hasta ahora os retenía y ahora os dejo libre: si queréis, podéis dejar la congregación y si deseáis permanecer, podéis permanecer. La hermana Faustina no sólo estaba sorprendida, sino también aterrorizada. Había pedido este acuerdo, lo esperaba desde hacía tiempo y ahora que la decisión había caído, sentía que eso superaba sus fuerzas. (EKC, p. 308)

 

La Visión le había anunciado, sin embargo, con insistencia, desde hacía meses, que recibiría la fuerza para hacer esta fundación.

 

Dos días después, la hermana Faustina escribe al abad Sopocko disimulando el permiso concedido por la Madre general: Soy una hija fiel de la Iglesia y no me apartaré un cabello de la santa obediencia. Veo que la hora de Dios no ha llegado todavía para esta congregación, y la dejo también a la divina Providencia. (Cartas de la hermana Faustina, p. 91)

 

  1. Visión profética de su canonización

 

Su obsesión de la santidad va a alcanzar pronto un paroxismo. El 23 de marzo de 1937, bajo la moción del Espíritu que la conduce, ve su propio proceso de canonización.

 

La Visión le muestra primero su condenación de 1958: Algunos eclesiásticos comenzaron a examinarme y a humillarme, o más bien a criticar lo que había escrito.

 

Luego su rehabilitación de 1978: Sin embargo, vi a Jesús mismo tomar mi defensa y hacerles comprender lo que no sabían. Jesús contemplaba con gran benevolencia y alegría al Santo Padre, a ciertos sacerdotes y a todo el clero, al pueblo y a nuestra congregación.

 

Fui después transportada cerca de Jesús y me mantuve de pie sobre el altar al lado de Nuestro Señor. Al final del retiro de octubre de 1937, la hermana Faustina está persuadida de que ha alcanzado la cumbre de la perfección: Salgo de este retiro enteramente transformada por el amor de Dios. Aunque exteriormente esta vida no cambie en nada y que nadie se dé cuenta, el amor puro guía ahora mi vida. (Diario, 1363)

 

Mientras tanto, está muy enferma, y lo que siente es la completa descomposición de mi propio cadáver. Una religiosa nota este olor: Hermana mía, siento aquí, como un cadáver, es completamente como si se descompusiera. ¡Oh! qué horrible es. (EKC, p. 317)

 

  1. Tú eres una santa

 

Refiere en su Diario los sufrimientos que le causa su entorno, por ejemplo la hermana Chryzostoma, que deplora su histeria, viéndola siempre atraer la atención sobre su propia persona.

 

Una hermana no cesa de perseguirme únicamente porque Dios tiene relaciones tan estrechas conmigo; le parece que todo en mí es afectado. Cuando le parece que cometo alguna infracción, dice entonces: Se tiene apariciones y se cometen tales faltas.

 

Y lo cuenta a otras hermanas, siempre en un sentido desfavorable. Me hace la reputación de ser una especie de chiflada. (Diario, 1527)

 

La hermana Faustina anota lo que se le reprocha desde su entrada en la Congregación: Es ser santa; pero eso se dice siempre de manera irónica, se queja. Al principio me fue muy penoso, luego elevándome espiritualmente ya no presté atención. Su biógrafa no se ha atrevido a citar las palabras siguientes, las mismas de su Visión: Pero tú eres santa. Dentro de poco lo haré aparecer yo mismo en ti. Y pronunciarán esta misma palabra santa, sólo que esta vez con amor. (Diario, 1571)

 

La hermana Faustina escribe eso en su Diario esperando firmemente que sea publicado. En 1938, hacia mediados de septiembre, relata el abad Sopocko, fui a Cracovia para un congreso de teólogos. En el hospital de infecciones de Pradnik, encontré a la hermana Faustina ya administrada. Estaba gravemente afectada por la tuberculosis.

 

Le hablé, entre otras cosas, de esta congregación que quería fundar. ¡Y he aquí que se moría! Le dije por tanto que aquello era ciertamente una ilusión, y que quizá todo el resto que me había contado no se sostenía tampoco.

 

La hermana Faustina prometió referirlo al Señor Jesús.

 

Al día siguiente, durante la santa misa que dije a sus intenciones, me vino, de repente, una idea: así como ella no había sabido pintar el icono y no había hecho más que dar indicaciones, no podría fundar esta nueva congregación, pero ha establecido los jalones. Que el Señor la apremiaba, porque se tendría necesidad de ella en un tiempo de pruebas inminentes.

 

Cuando el mismo día fui a ver a la hermana Faustina y le pregunté si no tenía nada que decirme, respondió: No, nada, durante la misa el Señor Jesús os ha explicado todo. (Winowska, Derecho a la misericordia, p. 262)

 

La hermana Faustina murió el 5 de octubre de 1938 en Cracovia.

 

  1. Condenada por Roma

 

Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, y más aún bajo el régimen soviético, el culto de la Misericordia va a ser difundido por el abad Sopocko, tanto más fácilmente cuanto que la sola palabra de misericordia toca los corazones de los polacos tan desdichados.

 

El cuadro fue copiado en centenares de ejemplares y, lo que es más, por artistas diferentes. El más popular fue realizado y ofrecido por Adolf Hyla, para agradecer a Dios haber escapado, él y su familia, a la Gestapo. Sin embargo, provocó polémicas, sobre todo entre los clérigos que encontraban a este Cristo afeminado.

 

Es notable que este cuadro no sólo evacua la Cruz de Cristo que está ausente de él, sino que suplanta la fotografía de Nuestro Señor Jesucristo impresa en la Sábana Santa de Turín, en el momento en que se difundía en el mundo entero bajo la influencia de santa Teresa del Niño Jesús y de los trabajos del doctor Barbet, y con ocasión de la celebración del jubileo de la Redención.

 

En 1946, la Conferencia de los obispos de Polonia pidió a Roma el permiso de instituir la fiesta de la Misericordia el primer domingo después de Pascua. En 1951, mientras la respuesta de Roma tardaba, la Comisión general del episcopado pidió su parecer a monseñor Jalbrzykowski.

 

Éste lo dio en un texto titulado De las pretendidas apariciones y visiones de la hermana Faustina: Adoro la Misericordia divina y la pido siempre a Dios. Pero mis pareceres son muy negativos en cuanto al culto de la Misericordia divina propuesto a partir de las apariciones-visiones de la hermana Faustina. La manera en que este culto es propagado no es conforme al espíritu de la santa Iglesia.

 

He prohibido categóricamente al abad Sopocko la divulgación de las cuasi-revelaciones de la hermana Faustina. (EKC, p. 369-370; Jan Grzegorczyk, p. 83-84)

 

En cuanto al cardenal primado Wyszynski, encontraba que introducir una fiesta especial para la Misericordia divina limitaría la idea de la Misericordia de la que habla toda la liturgia cada domingo y diariamente (Jan Grzegorczyk, p. 225).

 

En mayo de 1957, el cardenal lanzó un gran programa pastoral de nueve años para preparar a los polacos a celebrar el milenario del bautismo de Polonia. No era un secreto para nadie que, en esta situación, el primado no era especialmente favorable al desarrollo de un culto distinto del de la Virgen, que era el núcleo duro de la gran novena. (EKC, p. 378)

 

El primado estaba animado de una verdadera devoción a Nuestra Señora de Fátima. Más tarde, en 1980, declaró a Juan Pablo II: Lo más importante que tenéis que hacer, es cumplir la consagración colegial de Rusia al Corazón Inmaculado de María.

 

Pero volvamos al final de los años 1950.

 

El 19 de noviembre de 1958 el Santo Oficio adoptó un decreto en cinco puntos: 1. No hay que obstinarse en favor del carácter sobrenatural de las revelaciones de la hermana Faustina. Las visiones y revelaciones de la hermana Faustina no tienen origen sobrenatural.

 

  1. Hay que retirar las oraciones y las imágenes procedentes de estas pretendidas revelaciones.

 

  1. Se aconseja a los obispos guardar la prudencia mientras los elementos del culto de la Misericordia divina no sean retirados de sus parroquias.

 

  1. La fiesta de la Misericordia divina no debe ser instituida.

 

  1. Hay que dar un grave aviso (gravissimum monitum) al abad Sopocko ordenándole cesar de defender y de propagar estas pretendidas revelaciones y este culto. (EKC, p. 380; Jan Grzegorczyk, p. 191-192)

 

El primado Wyszynski fue encargado por el Santo Oficio de vigilar la aplicación del decreto en Polonia.

 

Sus conclusiones pastorales fueron después publicadas bajo la forma de una Notificación en el Osservatore Romano del 6 de marzo de 1959.

 

  1. Canonizada por Juan Pablo II

 

Después de esta Notificación, Karol Wojtyla, joven obispo auxiliar de Cracovia, tomó la cabeza de una cábala para rehabilitar el culto de la Misericordia según las prácticas de la hermana Faustina.

 

Decidió no oponerse frontalmente a la Notificación, pero para obtener su revocación, empleó un medio desviado: Una eventual aprobación de la beatificación de la hermana Faustina tendría automáticamente como consecuencia el reconocimiento del carácter sobrenatural de sus revelaciones y la confirmación del culto de la Misericordia divina en formas tales como Faustina las había transmitido. (EKC, p. 383)

 

En 1965, el año de la clausura del concilio Vaticano II, declaraba: Este expediente es para mí el más importante. Y el año siguiente, abría su proceso de beatificación.

 

Este mismo año, el obispo de Fátima preparaba las celebraciones del jubileo de las apariciones e invitó a monseñor Wojtyla a participar en ellas en la Cova da Iria. El futuro papa Juan Pablo II declinó la invitación: respondió a monseñor Venancio, el 5 de septiembre de 1966, que no le sería posible ir.

 

Pero volvamos a la hermana Faustina.

 

En 1969, el consultor de la Congregación para la doctrina de la fe respondió que su proceso por la Congregación para las causas de los santos podría ser proseguido a condición de ser separado de sus visiones y revelaciones. (EKC, p. 385)

 

Pero resultó imposible examinar sus virtudes sin tratar del origen de sus visiones dado el lugar que han ocupado en su vida.

 

El abad Ignacy Rozycki, amigo y antiguo profesor de Karol Wojtyla, estaba convencido de que había sido víctima de una alucinación debida a la histeria. Por tanto no sólo sus revelaciones presuntas estaban desprovistas de todo valor religioso, sino también el carácter heroico de su vida era caduco. (EKC, p. 386) Rehusaba por tanto participar en su proceso de beatificación.

 

Entretanto, cambió de repente de posición (¿bajo qué presión?) e intentó justificar las revelaciones ahogándolas en un largo comentario que colmaba sus lagunas y que corregía los errores detectados por el Santo Oficio en los años 1950. Se alejaba así de su sentido obvio.

 

La causa de la hermana Faustina pudo después ser llevada a su término sin encontrar obstáculo insuperable gracias a la reforma del procedimiento de los procesos de beatificación impuesta por Juan Pablo II en 1983, en la Constitución Divinus perfectionis magister. Un siervo de Dios que huele a herejía puede desde entonces ser beatificado puesto que los intercambios contradictorios han desaparecido casi enteramente del nuevo procedimiento. Así la vía estaba libre para la canonización de Juan Pablo II mismo sin que fuera necesario responder al abad de Nantes, abogado del diablo. La hermana Faustina fue finalmente beatificada el 18 de abril de 1993. Y para colmo de medida, el abad Sopocko lo fue también, el 28 de septiembre de 2008, por precio de la heroicidad de su desobediencia.

 

  1. La hermana Lucía suplantada

 

¿Cuál era entonces la actitud de Juan Pablo II respecto de Fátima? Desde el comienzo de su pontificado, huía y eludía las voluntades de Nuestra Señora, por maniobras dilatorias y contrahechuras de la consagración de Rusia: había pasado, observaba nuestro Padre, de una apariencia de reverencia a una hostilidad, una lucha, una pasión de aplastamiento de este Acontecimiento, de las profecías que lo acompañaron y de las demandas instantáneas de la Virgen, ferozmente sofocadas, rechazadas… Misterio, sí, de desunión, misterio profundo, no de Amor, sino de rivalidad y de iniquidad de la que la Iglesia sufre y muere. (CRC n.º 307, diciembre de 1994, p. 7) La hermana Lucía, la vidente de Fátima, lo ha dicho y repetido: O estamos con Dios, o estamos con el diablo. No hay término medio.

 

En la canonización de la hermana Faustina el 30 de abril de 2000, Juan Pablo II se hizo garante de sus revelaciones. Mencionándolas tres veces en su homilía, afirmó especialmente: Jesús ha dicho a la hermana Faustina: La humanidad no encontrará la paz mientras no se vuelva con confianza hacia la divina misericordia. (Diario, p. 132)

 

  1. La Virgen María herida en el talón

 

Quince días más tarde, en Fátima, Juan Pablo II se desvelaba como un enemigo de la Santísima Virgen. Quien la hiere en el talón. (Libro de acusación contra Juan Pablo II, p. 131)

 

En efecto, durante la beatificación de los dos pastorcitos Francisco y Jacinta, no hizo la menor mención del Corazón Inmaculado de María, ni de las urgentes demandas de la Reina del Cielo y de la tierra para conceder la paz al mundo.

 

El mes siguiente, al divulgar el auténtico tercer Secreto de Fátima, el cardenal Ratzinger lo presentó como el resultado de proyecciones del mundo interior de niños que han crecido en un ambiente de profunda piedad, pero que estaban al mismo tiempo trastornados por la tormenta que amenazaba su época. Hasta el final de su pretendido comentario teológico, insinuará que las visiones del Secreto no son más que fabulaciones de Lucía, a partir de reminiscencias de sus devociones infantiles: La conclusión del Secreto, escribe, recuerda las imágenes que la hermana Lucía puede haber visto en libros de piedad y cuyo contenido proviene de antiguas intuiciones de fe.

 

La hermana María Lucía de Jesús y del Corazón Inmaculado le había respondido de antemano renovando su testimonio en su libro Las llamadas del mensaje de Fátima: Después de la descripción de la vida de estos dos hogares, los Marto y los dos Santos, comprenderéis sin duda que si los padres de los pastorcitos eran fieles cristianos, eran del todo incapaces de hacer nacer en el espíritu de sus hijos ideas místicas, o de una espiritualidad elevada, como se ve en las Apariciones de Fátima. De tal manera que la obra de Fátima no puede ser más que de Dios enteramente.

 

  1. Juan Pablo II el heresiarca

 

Si bajo el reinado de Pío XII, las visiones-revelaciones de la hermana Faustina, referidas en el Diario, y debidamente examinadas por los teólogos del Santo Oficio, han parecido desprovistas de todo carácter sobrenatural, ¿cómo se explica que treinta años más tarde, después del concilio Vaticano II y bajo el reinado de Juan Pablo II, ninguna objeción de orden teológico subsistiera oficialmente?

 

¿Cuáles son las circunstancias, para retomar la expresión de la Notificación del 15 de abril de 1978, que explican el profundo cambio intervenido? No hay duda de que fue la reforma decretada en el Vaticano II.

 

Este Concilio ha operado una revolución doctrinal sin precedente en toda la historia de la Iglesia, revolución inspirada en parte por monseñor Karol Wojtyla, cuya vida ha sido marcada por una doble ruptura, filosófica y religiosa.

 

Nuestro Padre el abad de Nantes ha publicado la demostración de ello en su Libro de acusación contra el papa Juan Pablo II, permanecida hasta el día de hoy sin réplica de nadie.

 

Antaño, observaba, los católicos polacos sabían que la vida no es más que un paso difícil, un tiempo de prueba, un valle de lágrimas. Hay que rezar mucho, como siempre se ha rezado, hacer penitencia, sufrir, llevar su cruz, vencer el pecado, temer el infierno, morir provisto de los sacramentos de la Iglesia para ir finalmente al Cielo, único objeto de nuestros trabajos.

 

Habiendo roto con esta tradición, la religión del joven estudiante Wojtyla se ha convertido en una gnosis desarrollada a partir de un error fundamental que será insertado en la Constitución conciliar Gaudium et spes: Por su encarnación, el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre. (22, 2) En esta gnosis, la Misericordia se convierte en un derecho del hombre en virtud de su dignidad sin igual e inalienable. Por tanto, todos los hombres están salvados.

 

Por eso el abad de Nantes ha acusado públicamente al papa Juan Pablo II de ser un heresiarca, es decir el creador de una doctrina pérfida, contraria a nuestra santa religión cristiana en su principio, en su esencia y en su fin. Que sea por tanto anatema me parece muy cierto. (CRC n.º 230, febrero de 1987, p. 1)

 

Esta acusación permanece en espera de un juicio infalible de las más altas autoridades de la Iglesia.

 

El abad de Nantes no ha sido escuchado porque los mejores católicos han tomado demasiado a menudo por única regla de conducta la obediencia a quienes tienen autoridad en la Iglesia. Según la palabra bien conocida: Prefiero tener tort con el Papa que tener razón contra él. Y nuestro Padre de responderles: Seamos serios. Lo importante no es estar con el Papa. Estar con el Papa no tiene otra razón que estar así, por él, con Jesucristo. Estar contra el Papa no tendría nunca otra razón concebible que permanecer con Jesucristo, si le sucediera separarse de él, ¡lo que Dios no quiera! y no vivir más que en la inquietud de tal situación, en las angustias de tal contradicción.

 

Lo que solo importa, soberanamente, a las almas místicas, es estar con Jesucristo. Para la gloria del Padre, por el amor de este Esposo y Rey lleno de majestad, para la íntima exultación del Espíritu Santo en nosotros, arras y prenda de Vida eterna. Una vida mística tan elevada, tan desencarnada que nada la inquiete, nada la toque y hiera, nada podría sublevarla, cesa de ser verdadera. Porque cae bajo el sentido que no puede haber unión espiritual verdadera al Dios tres veces Santo sin el celo ardiente, exclusivo, nupcial de la única y casta verdad católica, sin el horror de toda herejía como de todo cisma. (CRC n.º 240, febrero de 1988, p. 8-9)

 

hermano Bruno de Jesús-María

 

  1. Nota de la redacción de CatholicaPedia

 

Si los estudios de la CRC y del hermano Bruno de Jesús-María son de buena calidad, ello no impide que su formulación sea deficiente en el hecho de que no hacen ninguna diferencia entre la Iglesia católica y la secta [marrana] Conciliar que eclipsa a la santa Iglesia de Dios. Aunque definan a JP2 como HERESIARCA… lo reconocen no obstante como papa entrando con ello en la categoría de los R y R de la falsa Resistencia que Reconocen-todo-mientras-resisten. ¡La Contrarreforma Católica, todavía una Vía sin salida!!

 

  1. Lista de fuentes

 

  1. Ewa K. Czaczkowska, Hermana Faustina, biografía de una santa, ed. Salvator, París, 2014, francés.
  2. Diario, ed. Apostolado de la Misericordia divina, 2010, francés.
  3. Maria Winowska, Derecho a la misericordia, ed. Saint-Paul, París, marzo de 1958, francés.
  4. Jan Grzegorczyk, Faustina, apóstol de la misericordia, Cerf, París, 2009, francés.
  5. Diccionario de teología católica, artículo Canonización, col. 1644, francés.
  6. Santa Teresa de Ávila, Vida escrita por ella misma, capítulos 25 y 32, francés.
  7. CRC n.º 75, diciembre de 1973, p. 4-5, francés.
  8. Maria Winowska, El icono de Cristo misericordioso, ed. Saint-Paul, 1973, francés.
  9. Diccionario de espiritualidad, t. 7, col. 1774, francés.
  10. CRC n.º 291, abril de 1993, p. 18, francés.
  11. Georges de Nantes, CRC n.º 123, noviembre de 1977, p. 12, francés.
  12. San Luis María Grignion de Montfort, Tratado de la verdadera devoción, n.os 49-50, francés.
  13. Karol Wojtyla, Redemptor hominis, n.os 10 y 14, latín/francés.
  14. Autodafé, p. 372, francés.
  15. CRC n.º 291, abril de 1993, p. 11, francés.
  16. Juan Pablo II, Dives in misericordia, 1980, latín/francés.
  17. Georges de Nantes, Libro de acusación contra el papa Juan Pablo II, 1983, p. 72-73, francés.
  18. Cartas de la hermana Faustina, p. 91, francés.
  19. CRC n.º 307, diciembre de 1994, p. 7, francés.
  20. Georges de Nantes, Libro de acusación contra Juan Pablo II, p. 131, francés.
  21. CRC n.º 230, febrero de 1987, p. 1, francés.
  22. CRC n.º 240, febrero de 1988, p. 8-9, francés.
  23. Osservatore Romano, 6 de marzo de 1959, italiano/francés.
  24. Notificación de la Sagrada Congregación para la doctrina de la fe, 15 de abril de 1978, latín/francés.

 

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